Habrá límites de consumo estacionales y topes diferenciales según la zona bioambiental del país.
El Gobierno nacional puso oficialmente en marcha el nuevo sistema de subsidios focalizados para servicios públicos, una medida que busca reordenar el gasto estatal en luz, gas y agua. Este esquema reemplaza las transferencias universales y tiene como objetivo central orientar la asistencia financiera exclusivamente a las familias de menores recursos. Bajo la premisa de lograr una mayor equidad fiscal, el Ejecutivo busca eliminar los beneficios para los sectores con capacidad de pago, promoviendo un ahorro significativo en las arcas públicas en un contexto de fuerte ajuste.
La normativa establece límites claros de consumo subsidiado que variarán según la época del año. De manera general, el tope será de 300 kWh durante los meses de verano (diciembre a febrero) y de invierno (mayo a agosto), bajando a 150 kWh mensuales el resto del año. Sin embargo, se contemplan diferenciales según la zona geográfica: en regiones cálidas el límite subsidiado podrá alcanzar los 370 kWh, mientras que en las zonas calificadas como muy cálidas se extenderá hasta los 550 kWh, reconociendo el mayor uso de energía por temperaturas extremas.
Para acceder y conservar la ayuda, los usuarios deberán cumplir con estrictos criterios socioeconómicos. El acceso estará determinado por la declaración de ingresos familiares, la situación laboral y parámetros patrimoniales, como poseer vivienda única. También se priorizarán situaciones especiales, como hogares con personas con discapacidad o adultos mayores con haberes mínimos. Aquellos que superen los umbrales fijados o no completen los registros correspondientes deberán comenzar a pagar la tarifa plena de los servicios.
Este cambio de paradigma implica que el beneficio ya no se entrega por zona o categoría tarifaria de forma automática, sino que se cruzarán datos de consumo de los últimos períodos con la situación patrimonial declarada. El Gobierno argumenta que esta redistribución permitirá eliminar subsidios en sectores que no los necesitan, reduciendo así la presión inflacionaria. No obstante, se mantiene una vigilancia sobre la demanda declarada para clasificar correctamente a cada hogar en el nuevo registro.
La entrada en vigencia del esquema ya genera repercusiones en el presupuesto familiar, ya que muchos usuarios verán incrementos sensibles en sus facturas de electricidad y gas natural al superar los nuevos topes. Mientras el oficialismo defiende la sustentabilidad fiscal de la medida, diversas organizaciones de consumidores y sectores de la oposición manifestaron su preocupación por el impacto que este recorte tendrá sobre la clase media, cuyos ingresos suelen quedar por encima de los límites de vulnerabilidad pero son insuficientes para afrontar los costos plenos.
Finalmente, especialistas económicos advierten que el éxito del sistema dependerá de la agilidad para procesar los datos y evitar errores en la facturación. Las tensiones sociales podrían incrementarse si los aumentos no se ven compensados con una mejora en la calidad de los servicios o en políticas sociales complementarias. Por ahora, el registro continúa abierto para que los usuarios declaren su situación y eviten perder el beneficio en los próximos bimestres, en un verano que promete récords de consumo energético.