Tras la masiva movilización federal, la gestión de Javier Milei aseguró que los fondos se transfieren "en tiempo y forma" y ratificó que la Ley de Financiamiento compromete el equilibrio fiscal. Apuntan contra la falta de auditorías y el uso político de la protesta.
El Gobierno nacional salió al cruce de la masiva marcha universitaria realizada este martes con una postura de confrontación. A través de comunicados oficiales, la administración de Javier Milei rechazó las acusaciones de desfinanciamiento y calificó a la protesta como una manifestación netamente "opositora" impulsada por sectores políticos. Desde el Ejecutivo sostuvieron que se están cumpliendo todas las obligaciones presupuestarias, destacando que la partida asignada para 2026 alcanza los 4,8 billones de pesos, transferidos mensualmente sin los retrasos de gestiones anteriores.
Uno de los puntos de mayor fricción sigue siendo la Ley de Financiamiento Universitario. Casa Rosada argumentó que la norma "nació suspendida" por no especificar de dónde saldrán los 1,9 billones de pesos necesarios para su aplicación, lo que violaría las leyes de presupuesto vigentes. Además, el conflicto se trasladó al ámbito judicial: el Gobierno aclaró que la medida cautelar que ordenaba aplicar la ley no está firme, por lo que la decisión final recaerá en la Corte Suprema de Justicia.
En sintonía con este reclamo técnico, el secretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, puso la lupa sobre la eficiencia del sistema. El funcionario cuestionó los elevados costos por graduado en ciertas carreras y señaló que una parte importante de los alumnos no avanza en sus estudios. Asimismo, apuntó contra las autoridades académicas por supuestas demoras en la rendición de gastos y por la negativa a permitir auditorías externas, adelantando que el Gobierno publicará datos abiertos para forzar la transparencia en el uso de los recursos.
Por su parte, el presidente Javier Milei optó por expresarse a través de sus redes sociales. Durante la jornada, el mandatario replicó mensajes que tildaban la movilización de "política" y ponían en duda la legitimidad del reclamo financiero. La estrategia comunicacional del oficialismo se centró en instalar que la discusión de fondo no es la educación pública, sino el control del sistema universitario y la resistencia de ciertos sectores a ser auditados por el Estado nacional.
Mientras las calles de todo el país se llenaron de estudiantes y docentes, el Gobierno redobló su apuesta en defensa del equilibrio fiscal. La postura oficial es clara: cualquier modificación al esquema de gastos actual derivaría en mayor inflación y pobreza. De esta manera, el conflicto universitario suma un nuevo capítulo de alta tensión, con un Ejecutivo que se mantiene firme en su política de ajuste y transparencia, ignorando el volumen de la protesta social.