Argentina logró un récord histórico de exportaciones y superávit comercial en mayo de 2026, impulsado por Vaca Muerta, mientras la industria sigue cayendo.
Argentina cerró mayo de 2026 con el registro mensual de exportaciones más alto desde que el Indec lleva la serie y un saldo de balanza comercial positivo también histórico.
Las ventas externas de bienes alcanzaron 9.537 millones de dólares, las importaciones sumaron 6.033 millones y el resultado dejó un superávit comercial de 3.504 millones, también sin precedentes en la historia de la balanza de bienes. Fue el trigésimo mes consecutivo con saldo positivo. El intercambio total ascendió a 15.570 millones de dólares, un 14,6% más que en igual período de 2025.
El crecimiento exportador respondió a la combinación de mayores cantidades (que avanzaron 18,1% interanual) y mejores precios internacionales, que subieron 13,9%. La explosión de energía y los productos primarios en plena cosecha gruesa concentraron el salto, mientras el componente industrial quedó en un plano secundario.
Vaca Muerta como motor de divisas
El rubro combustibles y energía lideró el resultado con exportaciones por 1.745 millones de dólares, su nivel más alto registrado para una categoría que históricamente fue fuente de déficit. El incremento interanual fue de 167,1%, equivalente a 1.091 millones adicionales. Las cantidades exportadas crecieron 78,5% y los precios avanzaron 49,9%.
El desempeño refleja el efecto acumulado del desarrollo de Vaca Muerta, el aumento de los precios internacionales del crudo, vinculado en parte a tensiones geopolíticas en Oriente Medio, y la entrada en operación del Gasoducto Perito Moreno, que amplió la capacidad de abastecimiento interno y liberó márgenes para la exportación. En simultáneo, la mayor producción local de petróleo y gas redujo las importaciones de gasoil, mejorando la balanza desde ambos costados.
El superávit energético representó en mayo el 44% del saldo positivo total de la balanza comercial. La energía, que durante décadas presionó negativamente sobre las cuentas externas, se convirtió en la principal fuente de generación de divisas del país. Es una transformación estructural de largo aliento, aunque anclada en recursos no renovables y en precios internacionales que, por definición, son variables.
El agro sostiene, el litio gana terreno
Los productos primarios crecieron 22,5% interanual y sumaron 448 millones adicionales, con la mayor contribución proveniente de semillas y frutos oleaginosos. Las manufacturas de origen agropecuario alcanzaron 2.992 millones de dólares, un 20,5% más que en mayo de 2025. El avance se explicó, en orden de importancia, por mayores ventas de grasas y aceites, carnes y sus preparados, y residuos de la industria alimentaria.
Las manufacturas de origen industrial también crecieron (20,1%, con ventas por 2.360 millones), aunque el alza respondió en mayor medida a precios que a cantidades. Dentro de ese segmento, ganaron protagonismo los productos del sector minero, en particular el carbonato de litio y el oro, que continúan sumando participación dentro de la canasta exportadora.
En cuanto a los destinos, China consolidó su posición como principal comprador con 1.497 millones de dólares, suba de 78,9% interanual, concentrados en porotos de soja, aceites crudos de petróleo, carbonato de litio y carne bovina. Brasil ocupó el segundo lugar, seguido por Estados Unidos, cuyas compras crecieron 76% gracias en gran parte al sector energético.
Importaciones: menos volumen, mismos precios
Las importaciones de mayo totalizaron 6.033 millones de dólares y retrocedieron 7% respecto del mismo mes de 2025. La contracción respondió exclusivamente al descenso en las cantidades adquiridas, que cayeron 13,6%, ya que los precios de importación aumentaron 7,6%.
El dato es relevante: el menor nivel de compras externas no obedece a un abaratamiento de los bienes sino a una reducción del volumen demandado, fenómeno que refleja la debilidad de la actividad económica interna.
El rubro con mayor retroceso fue combustibles y lubricantes, con una caída de 32,9% en valor (las cantidades importadas descendieron 55,3%), señal directa de la sustitución que Vaca Muerta viene operando en el abastecimiento interno. Las piezas y accesorios para bienes de capital retrocedieron 26,6%, los vehículos automotores de pasajeros cayeron 21,3% y los bienes de capital, 6,8%. Ningún segmento de las importaciones registró aumentos en cantidades durante el mes, con excepción de bienes intermedios, que avanzaron 8,6%.
La cara oculta del récord
Mientras la balanza comercial alcanzaba máximos históricos, la industria argentina transitaba otro mes de contracción. Según el informe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA), la actividad fabril retrocedió cerca del 5% en términos interanuales y 0,8% respecto de abril. El balance del primer cuatrimestre ya mostraba una contracción del 2,4% frente a igual período de 2025, y la producción se situaba casi 10% por debajo de los registros de 2022.
La UIA elaboró sus datos a partir del consumo de energía eléctrica, demanda sectorial y consultas a referentes industriales. Sus conclusiones indican que la caída no responde a un fenómeno homogéneo, sino a la confluencia de debilidades en varios frentes, con un denominador común: la insuficiente dinámica del mercado interno.
Los bienes durables y semidurables (automóviles, línea blanca y electrodomésticos) acumulan una caída cercana al 21% en lo que va del año. Los sectores con alta demanda de mano de obra agravan la vulnerabilidad: la producción textil registró en abril una baja interanual de 22,2%, y prendas de vestir, cuero y calzado cayeron 15,9%.
La metalmecánica volvió a mostrar contracción (1,4% mensual, 6% en el acumulado anual y 17% frente a 2022), y el patentamiento de maquinaria industrial descendió 11,2% en mayo. En el detalle por rubros, 12 de los 16 sectores que integran el índice manufacturero registraron caídas interanuales en abril. Entre los descensos más pronunciados figuran productos textiles (-22%), maquinaria y equipo (-20%), prendas y calzado (-16%) e industrias metálicas básicas (-11%). La UIA sintetiza la situación como una estabilización en niveles relativamente bajos, sin motores claros de recuperación.
El perfil exportador en tensión
El resultado de la superposición de ambos cuadros, un superávit comercial récord y una industria que encadena meses de deterioro, es la expresión de una tendencia: Argentina mejora su posición externa a través de la primarización de sus exportaciones. La energía y los commodities agrícolas y mineros traccionan los ingresos de divisas; la industria manufacturera, en cambio, pierde participación relativa, recorta empleo y reduce su capacidad instalada.
En el acumulado enero-mayo de 2026, las exportaciones totalizaron 40.359 millones de dólares (24,3% más que en igual período de 2025) y las importaciones sumaron 28.575 millones, con una reducción de 6,6%. El saldo acumulado de 11.783 millones ya supera con amplitud los 1.900 millones registrados en igual período del año anterior.
Los aceites crudos de petróleo lideraron las exportaciones acumuladas con 9,3% de participación, seguidos por el maíz en grano y la harina y pellets de soja. Las proyecciones privadas estiman que el superávit comercial podría acercarse a los 20.000 millones de dólares al cierre del año, casi el doble de los 11.320 millones de 2025.
Sin embargo, ese resultado dependerá, en buena medida, de la evolución de los precios internacionales del petróleo y de si la actividad interna recupera tracción. Una reactivación sostenida del consumo elevaría el volumen de importaciones y reduciría el saldo positivo, aunque sin revertir necesariamente la tendencia estructural que Vaca Muerta ha venido consolidando.
El interrogante de fondo es otro: cuánto tiempo puede sostener un país un superávit comercial creciente si la base industrial que alguna vez diversificó sus exportaciones continúa contrayéndose.