El Cruzado cayó 2 a 0 ante el conjunto de Buenos Aires y quedó séptimo en la Zona B del Torneo de la Primera Nacional, a la espera de que jueguen sus perseguidores en la lucha por clasificar al Reducido.
Por la fecha 24 del torneo de Primera Nacional, Midland se impuso al Deportivo Maipú por 2 a 0 con goles de Ezequiel Bulacio.
Después de la contundente victoria por 4 a 2 obtenida el fin de semana pasado ante Atlanta en La Fortaleza, el Cruzado viajó a Buenos Aires con el objetivo de sumar de a tres para seguir con posibilidades de clasificar al reducido.
Desde lo deportivo, Mariano Echeverría debió afrontar la ausencia de su capitán y figura, Enzo Pérez, expulsado en el duelo ante Gimnasia y Tiro por exceso verbal. Tampoco pudo contar con el volante izquierdo Matías Viguet por la misma cantidad de encuentros.
Midland, que venía de empatar 1 a 1 ante Almagro, llegó a su quinta presentación consecutiva sin derrotas. El equipo dirigido por Joaquín Iturrería se destaca por ser compacto, inteligente y por su deseo de dar el batacazo, siendo el único club del ascenso que sigue con vida en la Copa Argentina.
Maipú salió con todo a imponerse sobre su rival, pero las ganas pronto se diluyeron y fue el local quien tomó el control del balón y de las acciones de peligro. Midland ganó en el mediocampo y, con Roseti y Marín como protagonistas, comenzó a empujar a los mendocinos hacia el arco de Nahuel Galardi.
En la primera llegada clara, se rompió el cero. Tras un tiro libre ejecutado a la perfección por Roseti, Bulacio conectó de cabeza y marcó el primer tanto del partido.
Al cuarto de hora, se presentó la ocasión más clara para los mendocinos. Mirko Bonfligi inició una jugada profunda por derecha, se la pasó a Silva, quien disparó al palo izquierdo del arquero Leguiza. El remate se fue apenas desviado.
Al promediar la primera etapa, la jerarquía futbolística la aportaba el equipo local. Deportivo Maipú se mostraba incómodo, posiblemente afectado por la superficie de la cancha y las dimensiones reducidas del campo de juego.
A la media hora de juego, el elenco orientado por Joaquín Iturrería tuvo una clara chance. Marín remató potente desde media distancia, pero el arquero maipucino Nahuel Galardi respondió de manera excelente.
Los minutos transcurrieron y, poco a poco, Maipú comenzó a emparejar el ida y vuelta. El equipo tuvo más la pelota, pero le costó generar el puntapié final para llegar al gol.
A poco del final, Bulacio tuvo la oportunidad de marcar el segundo gol, pero su remate fue interceptado sobre la línea por Santiago Paulini, evitando así la ampliación del marcador.
En el complemento, Deportivo Maipú salió decidido a llevarse por delante a su rival. Se adueñó de la pelota y fue a buscar el arco defendido por Mauro Leguiza, aunque con el correr de los minutos el envión inicial se fue diluyendo. El juego cayó en un pozo: demasiados pases intrascendentes, poca profundidad y un desarrollo que se hizo cada vez más trabado.
El balón viajaba de un lado al otro, pero siempre lejos de las áreas. Ni Maipú encontraba los espacios para lastimar ni su rival lograba inquietar. El partido había perdido intensidad y parecía encaminarse hacia un cierre sin emociones.
Pero el fútbol siempre guarda lugar para una genialidad. A los ___ minutos, Ezequiel Bulacio tomó la pelota sobre el vértice izquierdo del área, encaró en diagonal hacia el centro y sacó un derechazo feroz que se clavó contra el palo izquierdo de Nahuel Galardi. Imposible para el arquero. Un golazo de esos que rompen cualquier libreto y desatan el festejo de toda la cancha.
El impacto del tanto fue inmediato. El conjunto conducido dentro del campo por su capitán, Nicolás Violini, recuperó confianza, volvió a adelantarse unos metros y fue por más. Con el partido bajo control, Maipú olió la sangre y buscó el tercer grito para sentenciar definitivamente la historia.