La leyenda del boxeo argentino que falleció este miércoles se mostró más de una vez con la camiseta del Xeneize y hasta fue invitado por la barra a ver un partido en el paravalanchas.
La leyenda del boxeo argentino que falleció este miércoles, Jorge Locomotora Castro, dejó una huella en el deporte nacional por lo hecho arriba del ring, pero no fue la única disciplina con la que se vinculó porque también era un fanático hincha de Boca, pasión que mostró más de una vez a lo largo de su vida.
Subirse al cuadrilátero vestido con los colores del Xeneize fue una marca registrada del pugilista que falleció a los 59 años y que había disputado 144 peleas profesionales. De hecho, hace un tiempo había confesado que de sus 15 hijos, solo una era hincha de River, al igual que su hermano mayor y su mamá; el resto eran todos bosteros.
Desde los 18, Locomotora solía ir a la cancha de Boca en cada uno de los partidos del equipo y fue una costumbre que mantuvo cuando ya se había consagrado como una figura del boxeo, aunque lo hacía con menos frecuencia. Incluso, estuvo presente en la victoria del Xeneize por 2-1 ante Real Madrid en Japón en noviembre del 2000, día en el que se consagró campeón de la Copa Intercontinental.
Además, en alguna ocasión el Roña fue invitado por La 12, la barra del club, a ver un encuentro en el paravalanchas y por eso hay una foto suya junto a Rafael Di Zeo, el líder de la tribuna. "Soy un personaje, me saludan todos. Cuando estuve internado y necesitaba dadores de sangre, la gente de Boca me ayudó mucho, me donaron sangre, yo no soy un barra brava, soy una persona común y corriente como cualquier otra y por eso, justamente, no les doy la espalda a mis amigos, sean quienes sean...", se defendió tiempo después.

Durante su carrera también forjó una amistad con Diego Maradona, ídolo del fútbol mundial y también fanático del conjunto azul y oro. Locomotora era el ídolo de los padres de Pelusa y solían compartir asados y otros momentos íntimos.
Además, la relación entre ambos guarda un capítulo inolvidable. El propio boxeador bautizó uno de sus momentos más sobresalientes en su trayectoria con una frase muy arraigada al Diez: "La mano de Dios". Aquel término vinculado a uno de los goles a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 1986 fue adoptado por Castro para calificar su golpe contra John David Jackson, que le permitió ganarle por nocaut el 10 de diciembre de 1994 en una pelea que lo catapultó a convertirse en leyenda.