El Club Sportivo Independiente Rivadavia y el Mensana se enfrentaron por el Torneo Apertura 2026. Mirá los detalles del duelo.
Mendoza se detuvo. El Club Sportivo Independiente Rivadavia y Gimnasia y Esgrima animaron el superclásico mendocino este domingo en el Bautista Gargantini, en un partido que paralizó a la provincia. Se midieron por una nueva fecha del Torneo Apertura. El resultado fue histórico ya que el local le propinó una paliza por 5-1.
Tuvieron que pasar años, demasiados, para que el clásico mendocino volviera a jugarse en la máxima categoría. Y cuando volvió, fue inolvidable. Independiente Rivadavia goleó 5-1 a Gimnasia y Esgrima en el Bautista Gargantini, en una tarde que empezó torcida pero terminó en una fiesta total, de esas que marcan una época y quedan grabadas en la memoria del hincha.
El arranque para el dueño de casa, de buen presente en todos los torneos donde lidera, fue un baldazo de agua fría. A los 27 segundos Armoa puso en ventaja a Gimnasia, agarrando dormida a la Lepra y silenciando por un instante la Catedral.
Pero esa incomodidad inicial fue el punto de quiebre. Porque a partir de ahí Independiente empezó a crecer, a empujar, a encontrar juego. Studer lo empató de cabeza y el equipo se soltó. El mediocampo empezó a ganar, la pelota circuló mejor y el clásico cambió de dueño.
En ese crecimiento hubo nombres propios. José Florentín y Tomás Bottari se hicieron patrones del medio, Matías Fernández empezó a conectar líneas y Sebastián Villa fue una pesadilla constante por las bandas.
Arriba, Fabricio Sartori y Alex Arce hicieron lo que hacen los que están enchufados: convertir. Y cuando este equipo encuentra eficacia, lastima. Mucho.
El complemento fue una exhibición. Independiente fue contundente, preciso y despiadado. Sartori marcó el segundo, Arce amplió tras una jugada rápida y, con el partido ya roto, Costa y Bucca terminaron de armar la goleada.
Cada ataque fue una puñalada. Cada error del rival, un castigo. La Lepra no perdonó y transformó el clásico en una paliza.
Las tribunas jugaron su partido. El hincha bancó en el peor momento y explotó en el mejor, acompañando a un equipo que respondió con fútbol, actitud y goles. Hubo desahogo, hubo alegría y hubo algo más: la sensación de que este equipo está para cosas grandes.
Gimnasia lo empezó ganando, pero se desdibujó con el correr de los minutos. Sufrió en todas las líneas y la expulsión terminó de desarmarlo, en una tarde que cortó el invicto de Darío Franco y dejó muchas señales de alerta.
No fue un triunfo más. Fue una goleada en el clásico, en casa, después de años sin este duelo en Primera, y con un agregado clave: Independiente aseguró el primer puesto de la Zona B con 33 puntos. Ganó, gustó, goleó y dejó un mensaje claro: la Lepra está firme, está fuerte y quiere ir por todo.
El equipo de Berti no se detiene:
Jueves: recibe a La Guaira por Copa Libertadores
Por el torneo: visitará a Aldosivi