A solo horas del puntapié inicial en el Estadio Azteca, miles de docentes mantienen un masivo acampe en el Zócalo. La presidenta Claudia Sheinbaum activó un fuerte operativo de seguridad.
La Ciudad de México experimenta una alarmante dualidad entre la fiesta del fútbol internacional y la alta conflictividad social. Con la mirada del planeta puesta en el partido inaugural entre la selección local y Sudáfrica, el corazón de la capital amaneció tomado por miles de docentes nucleados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Los manifestantes, que sostienen un combativo acampe desde hace dos semanas frente a la Plaza de la Constitución, lanzaron una contundente advertencia bajo el lema «si no hay solución, no rodará su balón», amenazando con bloquear los accesos clave al Estadio Azteca durante la ceremonia de apertura.
Ante el inminente riesgo de que las movilizaciones empañen la vidriera global de la FIFA, la presidenta Claudia Sheinbaum intentó llevar calma y aseguró que la situación logística se encuentra bajo control.
Para mitigar las protestas y descomprimir el Centro Histórico, el Gobierno del Distrito Federal dispuso la descentralización del Fan Fest tradicional, habilitando 18 sedes alternativas con pantallas gigantes en distintas alcaldías. Asimismo, las autoridades decretaron la suspensión total de clases y de labores administrativas para facilitar la movilidad urbana en una jornada caótica.
Pese a los bloqueos viales en la Calzada de Tlalpan y los grafitis que rezan «No al Mundial del despojo», el Ejecutivo nacional completó la remodelación del Aeropuerto Internacional para garantizar la seguridad de los miles de turistas extranjeros.
Los maestros exigen un incremento salarial del 100% y la inmediata derogación de la reforma educativa. Mientras los seleccionados ultiman detalles, las calles mexicanas albergan un tenso partido político donde los trabajadores ven la Copa del Mundo como su última oportunidad de visibilización internacional.