Mientras Messi festejaba el segundo tanto en la victoria 2-0 ante Austria para clasificar a la próxima instancia del mundial 2026, la TV filmó a una longeva fan de Messi en el estadio. Quién es.
Lionel Messi festejó su segundo tanto ante Austriacomo si fuera un pibe que recién debuta en la Copa del Mundo. A viva voz, sin guardarse nada, en forma de desahogo para un contexto complejo por problemas de salud de su padre y, también, por haber sentenciado un partido que en el trámite había sido complejo. Corrió a los 95 minutos como si no estuviera por cumplir 39 años y lo gritó con todo para deleitar al público que otra vez no dejó pasar el nivel deportivo del capitán.
La transmisión oficial en la TV mostró un momento especial que no pasó desapercibido. Entre los miles de fanáticos que estaban en el estadio AT&T Stadium (Arlington), apareció una fan más que especial: sonriente, conmovida por lo visto, y con un cartel que relataba una situación particular: "Fan de Messi de 100 años", rezaba la frase en su traducción al castellano.
Pauline Kana tiene 99 años hasta el 1 de agosto del corriente año, fecha en la que cumplirá los ansiados 100 años. Es oriunda de Ohio, Estados Unidos y estuvo presente en el Dallas Stadium, donde celebró un nuevo logro más que importante para el capitán de la selección argentina que buscará mantener el título mundialista.
Tuvo la posibilidad de ver a su ídolo marcar un nuevo hito en la historia del fútbol mundial, rompiendo cuatro récord Guinnes y metiéndose, por el momento, como el máximo goleador en la historia de los mundiales. Previamente la abuela se había convertido en viral cuando fue transportada por una multitud de hinchas sobre una camilla en Bellville, Texas, a fines de mayo. De esta manera consiguió ser la persona de mayor edad en ser parte de un "crowdsurfing", organizado por su nieto, Ross Smith, reconocido en las redes sociales.
Durante el Mundial de Clubes, que tuvo lugar en Estados Unidos durante 2025, apareció durante una entrada en calor con un cartel que decía: "Messi, ¿Querés casarte conmigo?". Al verla en la tribuna, el "10" tuvo el gesto de saludarla a la distancia y darle un gesto inolvidable.
Argentina venció 2 a 0 a Austria en Dallas y se clasificó a los 16avos de final del Mundial 2026. Pero la noticia, otra vez, fue Lionel Messi. Porque cuando parece que ya no quedan récords por romper, encuentra uno nuevo. Y cuando parece que ya vimos todo, vuelve a sorprender.
La tarde no empezó sencilla. Austria propuso un partido incómodo, intenso, con presión alta y mucha gente en el mediocampo. Incluso hubo un momento de incertidumbre cuando Messi falló un penal. Durante algunos minutos, la Selección perdió control y los europeos se animaron a discutirle la pelota.
Pero los genios suelen tener una relación especial con los errores. No los esconden: los transforman.
Messi levantó la cabeza y respondió como respondió toda su carrera. Con fútbol. Con personalidad. Con goles. Marcó dos veces y condujo a una Argentina que, sin brillar durante los noventa minutos, volvió a demostrar algo fundamental: sabe competir. Sabe sufrir. Y sabe ganar.
La coincidencia también tuvo algo de poesía. Un 22 de junio, exactamente cuarenta años después de que Diego Maradona firmara ante Inglaterra el partido más famoso de la historia, el heredero de aquella camiseta volvió a dejar su huella en una Copa del Mundo.
Con sus dos tantos alcanzó los 18 goles mundialistas y amplió una colección de marcas que ya parecen imposibles de enumerar. Pero los números cuentan apenas una parte de la historia. Lo verdaderamente extraordinario es otra cosa: la capacidad que tiene de seguir emocionando.
Argentina ya está en la próxima ronda. Y mientras el equipo de Scaloni ajusta detalles y administra energías, hay una certeza que atraviesa este Mundial: seguimos asistiendo a una de las funciones más extraordinarias que dio este deporte. Y nadie quiere levantarse de la butaca.
Hay una frase de Pablo Aimar que me persigue desde hace años: "El mejor Messi siempre es el último". Parece una exageración. Hasta que vuelve a jugar.
Cada Mundial nos obliga a inventar una nueva forma de mirarlo. Porque ya no alcanza con los récords. Ya no alcanza con decir que acaba de convertirse en el máximo goleador de la historia de los Mundiales. Ni que tiene 38 años. Ni que sigue haciendo cosas que parecían reservadas para la memoria y no para el presente.
Lo extraordinario es que todavía logra sorprendernos. Messi juega como quien conoce un secreto que los demás no. Mientras el fútbol corre cada vez más rápido, él sigue encontrando espacios donde nadie los ve. Mientras todos miran el reloj, él parece discutir con el tiempo. Y entonces aparece otra vez la sensación extraña: la de estar viviendo algo irrepetible mientras ocurre.
Quizás por eso emociona tanto. Porque no se trata solamente de los goles. Se trata de lo que provoca.
De esa capacidad única para hacernos sentir parte de algo más grande. De reunirnos frente a una pantalla, en una tribuna o en una sobremesa y hacernos hablar de lo mismo. Devolvernos, aunque sea por un rato, una versión más simple de nosotros mismos.
Aimar tenía razón. El mejor Messi siempre es el último. Y lo más hermoso de todo es que seguimos creyendo que todavía no vimos el último.