El país se ubica entre las tres naciones con mejores perspectivas de América Latina.
El Banco Mundial dio a conocer su informe de Perspectivas Económicas Mundiales de enero, en el cual pronostica para la Argentina un crecimiento del 4 por ciento para este 2026. La cifra evidencia una leve moderación respecto a la mejora de la actividad del año pasado, que se calculó en un 4,6 por ciento. Según el reporte, se espera que este ritmo de expansión se mantenga constante también durante el 2027, consolidando una etapa de estabilidad para la macroeconomía nacional tras los últimos ajustes.
Al analizar los motivos de esta morigeración, la entidad señaló que la incertidumbre política de finales del año pasado generó presiones cambiarias y un aumento en las tasas de interés, factores que podrían afectar la demanda interna en el corto plazo. Sin embargo, el informe destaca que el respaldo de Estados Unidos, mediante la provisión de líneas de swap, fue fundamental para estabilizar las condiciones financieras. Además, se espera que la transición a una banda cambiaria en abril de este año otorgue una flexibilidad necesaria para amortiguar shocks externos.
A pesar de la leve baja en la previsión comparada con el ciclo anterior, Argentina se mantiene en el podio de las economías con mejor desempeño de la región. El país se ubica solo por detrás de República Dominicana, que crecería un 4,5 por ciento, y Panamá, con un 4,1 por ciento. Este dato posiciona al mercado local en un lugar de privilegio dentro de América Latina, en un contexto donde muchas naciones vecinas enfrentan dificultades para reactivar sus niveles de producción.
A nivel global, el Banco Mundial observó que la economía está demostrando ser más resiliente de lo previsto frente a las tensiones comerciales. Se estima que el crecimiento mundial se estabilizará en un 2,6 por ciento para este año, con una ligera suba al 2,7 por ciento en 2027. No obstante, los expertos advierten que esta resiliencia no puede sostenerse de forma indefinida si no se resuelven problemas de fondo como los niveles de deuda pública y privada, que se mantienen en récords históricos.
Indermit Gill, economista jefe del organismo, planteó un panorama cauteloso al señalar que la economía mundial crece hoy a un ritmo más lento que en la década de 1990. Para evitar un estancamiento a largo plazo, el especialista sugirió que los gobiernos deben enfocarse en liberalizar la inversión privada y el comercio, además de reducir el consumo público. La inversión en nuevas tecnologías y educación aparece como el camino sugerido para mejorar la capacidad de generar riqueza genuina.
Para la Argentina, el desafío de cara a los próximos meses será transformar este crecimiento proyectado en una mejora tangible del consumo y el empleo. Con las condiciones financieras más estables y una inflación que busca su equilibrio, el cumplimiento de las metas del Banco Mundial dependerá de la capacidad del país para atraer inversiones y mantener la disciplina fiscal. El informe deja una mirada optimista pero condicionada a la evolución de la política interna y la estabilidad del mercado de cambios.