Deja un legado imborrable tras siete décadas de éxito en la pantalla grande.
El mundo del séptimo arte despide a uno de sus gigantes. Este domingo se confirmó el fallecimiento de Robert Duvall, una de las leyendas más grandes de Hollywood y figura central de la cinematografía estadounidense durante más de siete décadas. El actor murió "en paz" en su residencia de Middleburg, Virginia, según informó a través de un comunicado su esposa, la argentina Luciana Duvall. Su partida marca el final de una era para la generación dorada de intérpretes que revolucionaron la industria.
Duvall alcanzó la cima del reconocimiento mundial gracias a su impecable papel como Tom Hagen, el abogado y consejero de la familia Corleone en las dos primeras entregas de "El Padrino". Bajo la dirección de Francis Ford Coppola, su interpretación sobria y estratégica fue fundamental para el éxito de la saga, consolidándolo como un actor de una profundidad interpretativa inigualable. Su capacidad para transmitir autoridad con gestos mínimos se convirtió en su marca registrada.
Su versatilidad no se detuvo allí. En "Apocalypse Now", también dirigida por Coppola, dio vida al inolvidable teniente coronel Bill Kilgore. En dicha cinta, Duvall protagonizó uno de los momentos más emblemáticos del cine bélico, reafirmando su magnetismo frente a cámara y su habilidad para encarnar personajes complejos. A lo largo de su carrera, su talento le permitió saltar con naturalidad entre roles de militares, predicadores y hombres de campo, siempre con una intensidad que cautivaba a la crítica.
La noticia de su muerte generó una profunda conmoción en la comunidad artística internacional y también en Argentina, país con el que mantenía un vínculo estrecho debido a su matrimonio y su conocido amor por el tango. Duvall no solo era respetado por sus colegas, sino admirado por millones de espectadores que lo vieron transformarse en cada una de sus apariciones. Su trabajo le valió numerosos galardones, incluyendo un premio Oscar que coronó una trayectoria de excelencia.
Con la partida de Robert Duvall, Hollywood pierde a uno de sus últimos exponentes del "nuevo cine estadounidense" de la década del 70. Su legado quedará resguardado en las filmotecas y en la memoria de los fanáticos que seguirán revisitando sus obras maestras. Aquella sobriedad que lo caracterizó fuera del set fue la misma que mantuvo hasta sus últimos días, despidiéndose de manera serena en la intimidad de su hogar.
El cineasta y el público hoy rinden tributo a un artista que supo entender como pocos la psicología de sus personajes. Sus interpretaciones seguirán siendo objeto de estudio para las nuevas generaciones de actores que buscan esa verdad escénica que Duvall proyectaba con naturalidad. La pantalla grande pierde una luz, pero su nombre ya está escrito con letras de oro en la historia universal del espectáculo.