Mendoza, de de

Mendoza Día del Gaucho

El profe que transmite tradiciones y no se quita su boina ni bombacha

Este martes 6 se celebra en todo el país el Día del Gaucho. Carlos Fernández, veterinario, es un fiel ejemplo de amor por lo autóctono, del Martín Fierro y de José Larralde. 

Martes, 5 de Diciembre de 2023

 Si alguien debe ser reivindicado hoy --fecha en que la Argentina celebra el Día del Gaucho con el fin de conmemorar la publicación del poema narrativo "El gaucho Martín Fierro", de José Hernández-- es el profesor Carlos Adrián Fernández, que vive en Tupungato y asegura que usar su típica bombacha, pañuelo y botas “es ley”.

 Nacido en Tandil, provincia de Buenos Aires, este veterinario que da clases en dos establecimientos del Valle de Uco es mendocino por adopción, aunque antes de recalar en la Tierra del Sol y del Vino estuvo en un pueblito neuquino de la precordillera llamado Las Coloradas, donde se desempeñaba como veterinario de animales grandes y hablaba el mapuche, como el común de la gente.

   Allí conoció a su esposa y se radicaron en Mendoza. Con ella se casó en la iglesia de La Carrodilla, por supuesto, vestido de gaucho.

   “Soy nacido y criado en la zona rural y orgulloso de ser gaucho”, aclara Carlos, que se dedica a las vacas, caballos, cerdos y ovejas. Sin embargo, lo que más ama hacer es difundir las tradiciones gauchescas a sus alumnos.

   “Lo llevo en la sangre, desde chico me calzaba las botas y recorríamos de punta a punta el campo con mi papá y mi tío. Aprendí todas las labores y por eso estudié veterinaria. Hoy hago capacitaciones sobre chacinados y trabajo en soga, otra de mis pasiones. Fabrico cuchillos, arneses, bozales…”, relata.

   “¿Por qué estoy siempre vestido con la ropa típica? Para mí es religión, no quiero que se pierdan las tradiciones. Creo que, si no conocemos nuestra historia, no conocemos a nuestro pueblo, nuestros orígenes. ‘Meto la cuchara’ en todas las charlas porque creo que el campo es el motor del crecimiento del país”, sostiene.

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El Martín Fierro, de José Hernández, lo conoce de punta a punta, y también La Cautiva, de Esteban Echeverría; Don Segundo Sombra y El Matadero.

   “Tengo mucha bibliografía y siempre trato de estar en sintonía”, explica el profesor, siempre mate en mano, que da clases en el Cordón del Plata y en el Instituto 9009 para las carreras de Enología y Agronomía.

   “Siempre tuve el deseo de enseñar, pero con el título universitario no me alcanzaba. Tuve que ponerme a estudiar las materias de pedagogía y hoy, por fin, soy un profesor apasionado por lo que hace”, se describe.

   Asegura que interactuar con las futuras generaciones es lo más hermoso que le puede suceder. “Estudié dos años quechua y el mapuche lo entiendo perfectamente”, advierte.

   Fanático de José Larralde, de Argentino Luna y de Alberto Merlo, dice que pertenece a la vieja escuela musical.



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Con Fausto, uno de sus hijos, a quien le transmite esta pasión.


   “No creo que haya menos gauchos, pero sí que hay más posibilidades de instalarse en las ciudades y entonces todo el mundo se va mimetizando con la ropa de la ciudad. Pero eso a mí no me sucede ni me sucederá nunca”, advierte.

“Me hablan de mi ropa, estoy acostumbrado”

   No es común hoy que los gauchos se paseen por las ciudades luciendo su típico atuendo. Por eso Carlos siempre llama la atención.

   “Me gritan de todo. Y las miradas hablan por sí solas. Suelen preguntarme dónde dejé el caballo”, cuenta, mientras ríe. Una mujer, días atrás, se le acercó y lo felicitó por su ropa. “Fue una alegría”, dice.

   Carlos cumple con otro ritual que va de la mano con el amor por la Patria: todos los días luce una escarapela.

   “No entiendo por qué hay que esperar a una fecha patria para colocársela. Yo la uso siempre”, señala con determinación.

   Agradecido a su mujer, Marcela Mora, que es médica, y a sus hijos, Fausto e Hilario, que lo “bancan” en todo, según dice, Carlos concluye con una reflexión.

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Carlos y su inseparable mate.


   “Creo que todos deberíamos respetar las tradiciones y lo autóctono porque no tenemos que olvidarnos que este país depende del campo. Si al campo le va bien, a todos nos va bien y viceversa”, finaliza, orgulloso de su estampa.