Alimentar a los animales altera su comportamiento, daña su salud y pone en riesgo el equilibrio de los ecosistemas locales.
Proteger la biodiversidad es una responsabilidad compartida, advierte el Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza ante el inicio de la temporada fuerte de verano. Las autoridades ambientales volvieron a encender la alarma por conductas que, aunque muchas veces se realizan con buena intención, generan consecuencias graves para los animales. Alimentar a la fauna silvestre altera su comportamiento natural, pone en riesgo su salud y afecta de manera directa el equilibrio de los ecosistemas de la provincia.
Desde la Dirección de Biodiversidad y Ecoparque explicaron que ser visitantes responsables implica disfrutar de la naturaleza sin modificarla. La campaña hace especial hincapié en las rutas de Alta Montaña, áreas naturales protegidas y zonas periurbanas, donde el contacto entre humanos y animales es más frecuente. Arrojar restos de comida o intentar alimentar ejemplares produce impactos profundos y, en muchos casos, irreversibles en especies que pierden su capacidad de buscar alimento por cuenta propia.
El director del organismo, Ignacio Haudet, subrayó que el cuidado del entorno es una tarea colectiva. Según el funcionario, cada residuo abandonado o cada intervención humana rompe el equilibrio de ecosistemas frágiles que tardaron siglos en formarse. En una provincia donde el turismo de naturaleza es una fuente clave de identidad y desarrollo, la gestión adecuada de los desperdicios se vuelve una obligación para preservar el agua, el paisaje y la biodiversidad que define a la región.
La protección del patrimonio natural mendocino se juega en decisiones cotidianas de cada turista. Retirar todo lo que se lleva a los espacios naturales y evitar dejar envoltorios o botellas forma parte de este compromiso ambiental. Las autoridades recuerdan que la fauna silvestre posee dietas específicas y el consumo de alimentos procesados o restos de comida humana puede provocar enfermedades severas y una dependencia peligrosa del contacto con las personas.
Haudet remarcó que proteger la naturaleza es una forma de garantizar que el turismo siga siendo una oportunidad sostenible y no una amenaza para el territorio. La campaña busca que quienes visitan los espejos de agua o la cordillera comprendan que su presencia debe ser lo menos invasiva posible. El mensaje es claro: observar y disfrutar de la fauna es parte de la experiencia, pero intervenir en su alimentación es un acto que daña el ecosistema que se busca conocer.
Finalmente, desde el Ministerio instan a denunciar prácticas irresponsables y a llevarse siempre la basura generada durante la estadía en entornos naturales. El equilibrio de los ecosistemas mendocinos depende de la conciencia de cada visitante para asegurar que las próximas generaciones puedan seguir disfrutando de la riqueza silvestre de la provincia. La convivencia armónica entre humanos y naturaleza es el único camino para un verano sustentable.