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Según el director de Biodiversidad y Ecoparque, Ignacio Haudet, se han atendido más de 200 animales heridos, víctimas de tráfico y caza ilegal o atropellamientos. "Muchos han llegado con daños irreversibles. Aun con todos los recursos técnicos disponibles, no siempre es posible devolverlos a su ambiente natural. Visibilizar estas situaciones es fundamental para prevenir", afirmó.
El Ecoparque de Mendoza, dependiente del Ministerio de Energía y Ambiente, hizo un llamado a la población para tomar conciencia de que el daño que los humanos ocasionamos sobre la fauna, en muchos casos, se vuelve irreversible. Tal es el caso de una zorra gris que acababa de dar a luz, un gavilán mixto, un carancho y un chimango.
Al zorro aparentemente lo atropellaron y a las aves las ataron de forma tan cruel que terminaron con miembros anecrosados.
"El Ecoparque de Mendoza recibe de manera permanente animales silvestres víctimas de atropellamientos, cautiverio ilegal, trampas y ataduras. En todos los casos se activa el mismo protocolo: evaluar, diagnosticar y determinar si existe alguna posibilidad real de rehabilitación y regreso al ambiente natural", señaló el director de Biodiversidad y Ecoparque.
"Cada ingreso activa un protocolo sanitario y veterinario cuyo principal objetivo es evaluar si el animal puede ser rehabilitado y, eventualmente, reinsertado en su hábitat. Sin embargo, no todos los animales tienen la misma oportunidad", explicó, en un nuevo llamado a la concientización ciudadana.
"Muchos llegan con lesiones gravísimas, de larga data, infecciones avanzadas, necrosis de tejidos, fracturas expuestas o daños neurológicos irreversibles. En estos casos, aun con todos los esfuerzos técnicos y humanos disponibles, la rehabilitación no es posible y la liberación resulta incompatible con una vida digna. Esto nos sigue alertando", afirmó.
A pesar del trabajo sostenido de la Dirección de Biodiversidad y Ecoparque, del Departamento de Fauna y de la articulación permanente con la Policía Rural y el Ministerio Público Fiscal, las situaciones de maltrato y afectación sobre animales silvestres continúan registrándose. Estas conductas generan un impacto que trasciende a cada ejemplar, ya que se trata de especies fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas.
Una hembra adulta de zorro gris ingresó con un cuadro clínico extremadamente crítico. Según los informes veterinarios, presentaba parálisis completa del tren posterior, una fractura expuesta de fémur y múltiples lesiones vertebrales que habían provocado un daño medular irreversible.
Los estudios complementarios evidenciaron además compromiso respiratorio, un factor que agravó de manera determinante el pronóstico.
Durante la evaluación se confirmó que el animal había parido hacía pocos días. Las mamas desarrolladas y la presencia de leche indicaban que sus crías dependían recientemente de ella para alimentarse y sobrevivir.
Este dato incorporó una dimensión particularmente sensible al caso, aunque no alteró la conclusión médica: la pérdida total de movilidad, el dolor asociado a las fracturas y la imposibilidad de recuperar funciones básicas hacían inviable cualquier alternativa terapéutica.
Ante un cuadro neurológico irreversible, sin posibilidades de rehabilitación ni de adaptación que aseguraran bienestar bajo cuidado humano, el equipo veterinario resolvió practicar la eutanasia. La decisión se basó en criterios técnicos, humanitarios y éticos, con el objetivo de evitar un sufrimiento prolongado e innecesario.
El ejemplar provenía de un secuestro realizado por Guardaparques. Presentaba una fractura antigua de húmero en el ala izquierda, con ruptura de piel e infección ósea. Los estudios radiológicos confirmaron desplazamiento de los fragmentos y un proceso infeccioso avanzado.
La lesión era irreparable desde el punto de vista quirúrgico. Sin posibilidad de recuperar el vuelo ni de garantizar bienestar en cautiverio, se definió la eutanasia.
Ingresó con necrosis extendida en el miembro inferior derecho. Desde la garra hasta parte del fémur, los tejidos estaban muertos. La causa habría sido una atadura prolongada que interrumpió la circulación sanguínea.
El grado de compromiso hacía inviable cualquier tratamiento reconstructivo o adaptación futura. El equipo resolvió practicar la eutanasia.
El ave presentaba una lesión isquémica necrosante en el miembro inferior derecho. El tejido estaba muerto desde la articulación hacia distal, probablemente por haber quedado atrapado o enredado durante varios días.
El daño era irreversible y no compatible ni con la liberación ni con una vida normal bajo cuidado humano. Se tomó la decisión de practicar la eutanasia.
Detrás de cada uno de estos casos hubo anestesias, estudios complementarios, evaluaciones clínicas y un profundo compromiso profesional. Nada se resolvió de manera inmediata ni sin análisis.
Pero el mensaje es claro: gran parte de estas lesiones se originan en acciones humanas evitables.
Disminuir la velocidad en rutas con presencia de fauna, no capturar ni mantener animales silvestres, evitar el uso de trampas o ataduras y respetar el rol de cada especie en el ecosistema son conductas que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Hacer visibles los daños irreversibles también es una forma de prevención.
En la montaña, circular despacio, No dar de comer a los animales y no dejar tu basura.
Si se detecta tráfico, maltrato o animales heridos, comunicarse al 911 (Policía Rural), al correo fauna@mendoza.gov.ar o al teléfono de Fauna Silvestre: 261 7503417.