El costo total de la jornada electoral superó los 2.700 millones de pesos.
Este domingo, seis departamentos mendocinos transitaron una jornada electoral marcada por la apatía y el desinterés ciudadano. Luján de Cuyo, Maipú, San Rafael, Rivadavia, Santa Rosa y La Paz abrieron sus escuelas para una votación que arrojó una cifra preocupante: apenas el 47% del padrón asistió a las urnas. El panorama expone el agotamiento de un sistema que puede obligar a los ciudadanos a votar hasta seis veces en un año, una estrategia utilizada por los jefes comunales para evitar el "efecto arrastre" de las boletas nacionales.
La decisión de los intendentes de separar los comicios no solo impactó en la participación, sino también en las arcas municipales. Según confirmó la Junta Electoral de Mendoza, la logística y la impresión de boletas demandaron una inversión total de 2.736 millones de pesos. Al haber desdoblado, cada comuna debió cubrir íntegramente sus gastos, con un costo promedio de 5.538 pesos por cada elector habilitado. San Rafael y Maipú encabezaron el ranking de gastos, superando cada uno los 850 millones de pesos.
En el desglose financiero, Luján de Cuyo debió desembolsar más de 638 millones, seguido por Rivadavia con 254 millones. En tanto, las comunas del este con menor padrón, como Santa Rosa y La Paz, afrontaron gastos de 81 y 52 millones de pesos respectivamente. A pesar del millonario despliegue, el resultado político fue adverso para algunos oficialismos: en San Rafael y Rivadavia, la estrategia de desdoblar para minimizar riesgos no evitó la derrota en las urnas.
La realización de estos comicios en pleno febrero responde a lo establecido en la Ley 8967/17. El artículo 85 de dicha norma obliga a los municipios que desdoblan a realizar la elección de concejales el último domingo de febrero. Este marco legal es el que hoy "atrapa" a los departamentos en una fecha que, a la luz de la baja afluencia, parece estar completamente desconectada del interés general y del día a día de los vecinos, quienes poco conocen sobre la labor de los ediles.
La escasa asistencia pone en tela de juicio la efectividad de un cronograma electoral tan fragmentado. Para muchos analistas, pedirle al ciudadano que se acerque a las urnas en medio de la temporada de verano y para cargos legislativos municipales resulta contraproducente. La cifra de participación, que no alcanzó ni a la mitad de los habilitados para votar, es un llamado de atención para la clase política sobre el hartazgo frente a la frecuencia de los llamados electorales.
Con los resultados ya procesados por la Junta Electoral, las comunas deberán ahora afrontar el pago de los convenios establecidos para cubrir los gastos de la jornada. Mientras tanto, el debate sobre la necesidad de unificar las fechas para reducir costos y evitar el desgaste ciudadano vuelve a instalarse en la agenda pública mendocina. El domingo de urnas semivacías deja un saldo de dudas sobre la representatividad de una elección donde la mayoría decidió no participar.