En foros especializados, el adolescente compartía tributos a criminales internacionales y mensajes que hoy generan alarma por la apología del delito.
A medida que avanza la causa por el crimen de Ian Cabrera, el adolescente de 13 años asesinado en la Escuela Mariano Moreno, los detalles sobre la personalidad del atacante de 15 años resultan escalofriantes. Una investigación sobre su actividad digital reveló que el joven utilizaba alias en diversas plataformas para consumir y difundir contenido de extrema violencia. El rastro dejado en la web muestra una obsesión con las masacres escolares más sangrientas de la historia reciente, posicionándolo como un seguidor de figuras oscuras del historial criminal mundial.
Bajo un seudónimo, el agresor compartía videos y tributos a personajes como Kosta Kecmanovic, autor de la masacre en Serbia, y Seung-Hui Cho, responsable de la tragedia en Virginia Tech. Además de frecuentar foros donde se visualizan muertes violentas, el menor utilizaba como imagen de perfil la obra "La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp". En sus publicaciones también eran recurrentes las citas del escritor japonés Yukio Mishima, con frases que hacían referencia a que la paz solo se encuentra a través de la muerte, lo que marca un perfil psicológico complejo y perturbador.
Lo que más preocupa a los investigadores son las reacciones que comenzaron a aparecer en las redes tras el ataque en la escuela santafesina. En las cuentas vinculadas al tirador, diversos usuarios dejaron mensajes que rozan la apología del delito, tildando al joven de "héroe" o "ídolo" y pidiendo su "pronta libertad". Estas muestras de apoyo en plataformas digitales encienden las alarmas sobre la existencia de comunidades que idealizan este tipo de actos atroces, alimentando un ciclo de violencia que cruza fronteras.
Por otro lado, especialistas detectaron mensajes críticos dentro de los mismos foros, donde otros usuarios cuestionaban la falta de originalidad del ataque, comparándolo despectivamente con el caso Columbine de hace casi 30 años. Este submundo digital, donde la violencia se mide por impacto y "estética", es el que frecuentaba el adolescente antes de cometer el asesinato con la escopeta que ocultaba en un estuche de guitarra. La justicia ahora intenta determinar si estas interacciones funcionaron como un detonante directo para el trágico desenlace.
El caso de San Cristóbal ha reabierto el debate sobre el control de contenidos en internet y la vulnerabilidad de los jóvenes ante discursos de odio y violencia extrema. Mientras la comunidad escolar despide con profundo dolor a Ian Cabrera, la fiscalía analiza cada posteo y mensaje del agresor para reconstruir el rompecabezas de su conducta. La sociedad santafesina y el país entero siguen con atención los resultados de las pericias informáticas, que buscan explicar cómo un estudiante de secundaria terminó convirtiéndose en el protagonista de una de las crónicas policiales más tristes del año.