El consumo per cápita cayó a su nivel más bajo en 20 años. En Mendoza, el asado criollo se consigue desde los $9.900, mientras que el pollo y el cerdo ganan terreno en la mesa familiar.
Los datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) confirman lo que se siente en el mostrador: la carne es el motor de la inflación de alimentos.
El aumento del 10,6% en marzo triplicó el Índice de Precios al Consumidor (IPC) general, y la brecha es aún más alarmante si se mira el mediano plazo: desde octubre de 2025, la carne acumula un ajuste del 35,9%, frente a una inflación general del 14,1% en el mismo periodo.
Esta situación ha forzado un cambio de hábito en los consumidores. Mientras que la vaca subió un 68,6% en el último año, el cerdo aumentó un 28,1%, posicionándose como la opción más económica. Como consecuencia, el consumo de carne vacuna en Argentina cayó a 47,3 kilos anuales por habitante, el registro más bajo en dos décadas.
Roberto Graziotin, referente del sector cárnico local, explicó que las subas fueron motivadas por los incrementos en el Mercado de Cañuelas. Sin embargo, trajo algo de alivio para los próximos días: "En lo que va de abril los ajustes se han tranquilizado y la semana próxima podría haber algunos cortes con precios interesantes".
Para quienes buscan cuidar el presupuesto, los cortes de "segunda" como paleta, bola de lomo o cuadrada (entre $14.000 y $15.000) resultan los más rendidores por ser 100% carne. Por su parte, el asado criollo se puede encontrar en Mendoza en valores que oscilan entre los $9.900 y $13.000.
Según la Fundación Mediterránea, el precio de la hacienda alcanzó máximos históricos debido a la escasez de animales, ya que los productores están reteniendo ganado ante perspectivas más favorables. No obstante, los especialistas creen que el mercado alcanzó un "equilibrio transitorio" y no se esperan grandes saltos en el corto plazo debido a la fuerte caída de la demanda interna.