A pesar del conflicto nacional, los mostradores mendocinos mantienen la prestación a los jubilados.
En un contexto de creciente incertidumbre por el conflicto entre el PAMI y los médicos de cabecera, las farmacias mendocinas se han convertido en el último dique de contención para los jubilados. Aunque a nivel nacional el panorama es crítico, en la provincia de Mendoza la atención en los mostradores sigue siendo normal, aunque desde el sector advierten que la situación se evalúa día a día. La principal preocupación radica en la mora de los pagos de la obra social, lo que obliga a los propietarios a realizar una compleja ingeniería financiera para no cortar el servicio.
Beatriz Cucchi, presidenta del Colegio Farmacéutico de Mendoza (COFAM), explicó que el gran inconveniente actual es el tiempo de la cadena de pagos. Mientras que las droguerías exigen que las farmacias abonen los pedidos en un plazo de 7 días, el PAMI demora sus reembolsos mucho más allá de ese tiempo. Esta situación provoca que la farmacia termine financiando a todo el sistema de salud, un peso difícil de sostener si se tiene en cuenta que la obra social nacional representa entre el 60% y el 70% de la facturación de la mayoría de estos comercios.
A este desajuste financiero se suma una distorsión económica que afecta directamente la rentabilidad del sector. En el último año y medio, los precios de los medicamentos aumentaron por debajo de la inflación, mientras que los costos operativos como alquileres, sueldos y servicios subieron muy por encima de ese índice. Esta brecha económica está generando las primeras grietas en la disponibilidad de productos, afectando la reposición de mercadería y la sustentabilidad de los locales más pequeños de la provincia.
Según reportan desde el COFAM, ya se ha detectado la falta de algunos medicamentos esenciales, lo que empieza a complicar la provisión de tratamientos crónicos para los adultos mayores. El riesgo de una crisis sanitaria es latente si no se normalizan los flujos de fondos, ya que los farmacéuticos se quedan sin recursos para comprar nuevos fármacos a las droguerías. Por ahora, el compromiso de los profesionales mantiene las persianas altas, pero la tensión en el sistema es máxima ante la falta de respuestas oficiales.
La situación en Mendoza es de alerta permanente, a la espera de que las gestiones nacionales logren destrabar la cadena de pagos. De no revertirse esta tendencia de financiamiento propio por parte de los farmacéuticos, el servicio podría verse resentido en el corto plazo, afectando a uno de los sectores más vulnerables de la población. La titular del Colegio fue clara al concluir que la prioridad es mantener la salud de los afiliados, pero el sistema actual resulta económicamente inviable para el sector privado.