El proceso busca que las comunas gestionen arterias que el crecimiento urbano absorbió. Maipú, Santa Rosa y Guaymallén encabezan el reparto en medio de un fuerte debate por la autonomía y los recursos.
Lo que antes eran caminos productivos o rutas de conexión interdepartamental hoy son avenidas comerciales o accesos residenciales. Bajo esta lógica, la gestión de Alfredo Cornejo -continuando un plan iniciado por Rodolfo Suarez- ya transfirió 72,8 kilómetros de jurisdicción vial a las comunas.
El objetivo es eminentemente operativo: al estar bajo la órbita de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV), estas trazas no podían incorporar elementos netamente urbanos como reductores de velocidad, semaforización peatonal o infraestructura de servicios básicos. Al pasar a manos municipales, los intendentes ganan autonomía para adaptar estas calles al tránsito cotidiano de sus vecinos.
No todos los departamentos han recibido la misma carga de asfalto. El criterio, según explicó la subsecretaria de Infraestructura, Marité Baduí, responde al crecimiento real de la mancha urbana:
Otros municipios como Ciudad (6,1 km), sumaron arterias críticas para el flujo metropolitano, como Boulogne Sur Mer y Champagnat.
Este traspaso de funciones no ocurre en el vacío. Se da en un contexto donde los municipios han ido absorbiendo roles que antes eran provinciales: desde los preventores de seguridad y el control de tránsito hasta el mantenimiento de grandes arboladas.
La tensión surge por los recursos. Mientras la Provincia sostiene que financia la "puesta a punto" antes de entregar la calle (muchas veces mediante aportes no reembolsables), los intendentes miran con recelo la caída de la coparticipación. Este escenario es el que alimenta el actual debate en la Legislatura por la enmienda del artículo 197 de la Constitución, que busca habilitar las cartas orgánicas municipales y definir, finalmente, qué significa ser un municipio autónomo en la Mendoza del siglo XXI.