El Consejo Nacional de Educación y el Ministerio modificaron sistemáticamente la efeméride patria antes de fijarla el 18 de mayo. Los secretos de un emblema rodeado de mitos escolares.
Argentina conmemora el Día de la Escarapela Nacional, una insignia patria cuya historia oficial esconde marchas, contramarchas y profundas contradicciones documentales.
Aunque el relato escolar tradicional asocia fuertemente los colores celeste y blanco al reparto de cintas por parte de Domingo French y Antonio Beruti en la Plaza de la Victoria durante la Semana de Mayo de 1810, los registros históricos demuestran que el camino hacia la consolidación del emblema y de su propia fecha de celebración fue sumamente caótico y disputado.
El único antecedente fidedigno de su creación formal data del 13 de febrero de 1812, cuando el general Manuel Belgrano solicitó al Triunvirato el uso de un distintivo blanco y azul celeste para uniformar a las tropas del Ejército Revolucionario frente a los realistas. El permiso fue concedido el 18 de febrero, aboliendo la escarapela roja española. Sin embargo, la posterior carta de Belgrano asociando el símbolo a la independencia total desató la furia de Bernardino Rivadavia, quien buscaba mantener la diplomacia con Gran Bretaña sin romper lazos definitivos con la corona.
La determinación del día festivo tampoco fue sencilla. La efeméride fue instituida inicialmente en 1935 para los días 20 de mayo. Sin explicaciones oficiales, en 1941 el Consejo Nacional de Educación modificó el calendario trasladándola al 18 de mayo. Una década más tarde, en 1951, el Ministerio de Educación de la Nación volvió a cambiar la fecha fijándola el 19 de mayo basándose en folletos revisionistas de la época. Finalmente, tras años de confusión en los registros escolares y civiles, el Gobierno nacional firmó el decreto definitivo el 12 de mayo de 1960, restituyendo la celebración al 18 de mayo actual.