La desconexión del estrés diario, el factor social y las herramientas para manejar la presión dentro de la cancha.
El pádel atraviesa un momento de auge sostenido en Mendoza, consolidándose no solo como una opción de actividad física, sino como un verdadero cable a tierra para miles de practicantes. Según explica la psicóloga deportiva Victoria Palero, directora de Hace tu Juego, su gran atractivo radica en una iniciación sumamente amigable, la rápida posibilidad de divertirse y una intensa vida social dentro y fuera de la cancha.
A diferencia de otras disciplinas, el pádel permite empezar sin una preparación técnica exigente, lo que genera entusiasmo desde los primeros partidos. Al jugarse en parejas, favorece la formación de grupos de pertenencia, exige una comunicación constante y genera desafíos psicológicos clave como aprender a tolerar el error propio y confiar en el compañero.
Desde el plano mental, la especialista destaca que un partido actúa como una "burbuja de tiempo" que obliga a concentrarse exclusivamente en el presente, desplazando las preocupaciones laborales o cotidianas. Sin embargo, Palero advierte que cuando las expectativas sobre los resultados o la autoexigencia ganan terreno, el momento de descarga recreativa puede transformarse en una fuente extra de tensión.
Para evitar que la frustración afecte el rendimiento, la profesional remarca la importancia de construir una confianza basada en la preparación y en objetivos que dependan de uno mismo. Gestionar la bronca tras un fallo resulta fundamental para que una equivocación no arrastre a la siguiente, entendiendo que el error forma parte natural del aprendizaje en todos los niveles.
Finalmente, la especialista resume tres claves para disfrutar y mejorar en cancha: realizar una entrada en calor adecuada que active cuerpo y mente, enfocarse en la pelota del momento para reencontrar la atención y aceptar que la fortaleza mental consiste en tolerar la incomodidad y resolver de forma estratégica cada propuesta del rival.