En esta nota, repasamos el impacto nutricional de los infaltables de la gastronomía local y cómo disfrutarlos sin descuidar el equilibrio de la salud.
El frío ya se instaló en Mendoza y, de forma natural, el organismo comienza a solicitar alimentos reconfortantes y con mayor densidad energética. Sin embargo, este impulso por combatir las bajas temperaturas suele impactar directamente en el conteo de calorías diario si no se tiene moderación. Los clásicos de la mesa mendocina, cargados de tradición, esconden valores nutricionales que es importante conocer para disfrutar de la temporada invernal sin comprometer el bienestar general ni la salud cardiovascular.
El locro se posiciona como el rey indiscutido de las calorías en los días gélidos. Debido a su compleja mezcla de legumbres, carnes y embutidos, una porción generosa de casi 500 gramos puede aportar unas 962 kcal, lo que representa prácticamente la mitad de la energía recomendada para un adulto promedio. Su altísimo contenido de grasas saturadas obliga a consumirlo con mucha precaución, especialmente en aquellas personas que deben controlar sus niveles de colesterol o su peso corporal durante los meses de invierno.
En el rubro de la panificación, la tortita de chicharrones se lleva el primer puesto como la opción menos saludable de las panaderías locales. Al combinar la masa de pan con trozos de grasa de cerdo frita, una sola unidad de 80 gramos alcanza las 334 kcal, superando ampliamente a sus competidoras. Por su parte, la clásica tortita raspada, compañera inseparable del mate, resulta algo más liviana con 120 kcal por unidad, aunque su consumo frecuente suele ser un factor determinante en el aumento de peso estacional si no se controla la cantidad.
Las empanadas de carne al horno y las sopaipillas completan el menú de refugio contra el clima hostil. Mientras que una empanada estándar de 90 gramos aporta unas 134 kcal, el valor puede dispararse si se opta por la versión frita. En el caso de las sopaipillas, favoritas para las jornadas de lluvia o nieve, cada unidad de 50 gramos suma 192 kcal. Para este último caso, los especialistas recomiendan que el aceite de fritura esté muy caliente, evitando así que la masa absorba excedentes que incrementen innecesariamente el aporte graso.
Frente a este escenario, la clave para los mendocinos reside en la porción y la frecuencia. Disfrutar de un buen locro o de unas sopaipillas con mate es parte de nuestra identidad cultural y un placer necesario frente al rigor del clima, pero el equilibrio nutricional se logra compensando con platos más livianos durante el resto de la jornada. Priorizar las cocciones al horno, controlar la cantidad de panificados y mantener una hidratación adecuada son estrategias fundamentales para atravesar este 2026 con energía y salud.