Ver a la Selección jugar un partido decisivo activa el sistema cardiovascular de otra manera que el ejercicio o un peligro real. Las diez recomendaciones para el corazón durante el torneo.
Roberto tiene dos stents por obstrucción coronaria. Hizo una prueba de esfuerzo que salió normal y su cardiólogo le dio el visto bueno para ver los partidos del Mundial.
"Quedate tranquilo -le dijo-, ver a la Selección en un Mundial es como hacer una ergometría sentado frente al televisor". ¿Es realmente así? ¿El estrés del hincha se puede comparar con el del ejercicio físico o con el de un peligro real? ¿Hasta dónde puede sufrir el corazón durante un partido decisivo?
El estrés emocional del hincha frente a un partido clave no es lo mismo que el estrés de estar frente a un peligro real -un asalto, una catástrofe- ni el estrés físico del ejercicio. Los tres activan el sistema cardiovascular, pero con perfiles neuroendocrinos, vasculares e inmunológicos completamente distintos. Y eso cambia el riesgo cardiovascular real en cada caso.
Los tres escenarios elevan la frecuencia cardíaca, la presión arterial, liberan adrenalina y cortisol, y aumentan el azúcar en sangre. Todos entran dentro del estrés agudo o transitorio. Pero dos de ellos fueron diseñados evolutivamente con un propósito claro: salvar la vida frente a un peligro o adaptar el cuerpo al entorno mediante el ejercicio.
El tercero -el estrés del hincha- es, en cambio, un desajuste evolutivo moderno: activa un cuerpo preparado para luchar o huir mientras permanece inmóvil frente a una pantalla.
Frente a un peligro real, la liberación de adrenalina es inmensa -puede superar los 10.000 pg/dl en instantes- y toda la sangre se redirige a músculos y cerebro en detrimento de otros órganos. Es un estrés intenso pero breve: dura segundos o pocos minutos y, si se supera el peligro, el sistema nervioso simpático se apaga rápido.
En el ejercicio físico, también suben el cortisol, la adrenalina y la presión, pero el componente principal es la vasodilatación: las arterias liberan óxido nítrico, aumenta el flujo coronario y todo vuelve al equilibrio en pocos minutos gracias a una rápida intervención del sistema parasimpático. Es una respuesta para la que el cuerpo está evolutivamente preparado, y nos hace bien.
El estrés del hincha es distinto: oscilante, con cambios químicos de signo opuesto en instantes. En un partido clave, se activan en secuencia el miedo, la rabia, la esperanza, la euforia, la frustración y el alivio, todo en un par de horas. El cerebro emocional interpreta el partido como una amenaza, pero a diferencia del peligro real, no hay descarga motora: el cuerpo se prepara para correr o huir, pero permanece sentado en el sillón.
Eso explica por qué, después de un partido decisivo, la presión arterial y la taquicardia pueden mantenerse elevadas durante horas. Un estudio realizado durante una copa europea mostró que pacientes con cardiopatía sostuvieron la presión alta hasta varias horas después del partido. El regreso al modo de relajación es mucho más lento que tras el ejercicio. Por eso no conviene salir a correr o hacer ejercicio intenso inmediatamente después de ver un partido clave: el cuerpo necesita un aterrizaje, no otro despegue.
El escenario con mayor riesgo de infarto y muerte súbita es, por lejos, el del peligro real en una persona con enfermedad coronaria no resuelta. El ejercicio, en cambio, es el que menos riesgo conlleva: reduce entre 7 y 8 veces las chances de muerte súbita y 50 veces las de infarto.
El estrés del hincha está en un punto intermedio, con una dinámica propia: durante el Mundial 2006, jugado en Alemania, se registró una incidencia de eventos cardiovasculares agudos 2,6 veces mayor que en épocas sin Mundial, sobre todo en varones con antecedentes cardíacos.
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Ver el partido decisivo no es como hacer una ergometría sentado, pero tampoco es como estar frente a un peligro real. El fútbol puede gatillar eventos cardiovasculares en personas con factores de riesgo previos, pero también aporta algo valioso: el componente social de mirar el partido en familia o con amigos libera oxitocina, fortalece vínculos y amortigua -en parte- la respuesta al estrés.
Para quienes tienen alguna alteración cardiovascular:
El estado emocional vulnerable del corazón se puede regular, y la mente cree en gran parte lo que uno mismo le dice.
Por el Dr. Martín Lombardero (MN 79.096), miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología, autor de "El corazón es consciente".