Un estudio advierte que los sectores más dinámicos impulsados por el Gobierno no logran derramar empleo. Crecimiento primario convive con una fuerte pérdida de mano de obra.
Un informe del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Centro RA) de la UBA encendió las alarmas al revelar una marcada disociación entre la actividad económica y el mercado de trabajo.
Mientras el Estimador Mensual de Actividad Económica acumula una suba del 5,6% desde noviembre de 2023, la economía argentina registró una pérdida de 329.667 puestos de trabajo asalariados registrados.
El estudio universitario remarca que 8 de los 10 sectores con mayor crecimiento tuvieron una menor generación de empleo. Esta paradoja se explica por la marcada heterogeneidad productiva: las actividades vinculadas al comercio exterior y la extracción de recursos naturales encabezan la expansión, pero su capacidad para incorporar mano de obra directa resulta muy limitada.
El caso de la minería es emblemático: pese a liderar los índices de crecimiento relativo, el sector minero destruyó 5.200 puestos de trabajo en el último año. Por su parte, el sector agropecuario, tras recuperarse de la sequía de 2023, apenas sumó 1.700 empleos interanuales y representa solo el 5,2% del empleo privado formal. En conjunto, ambas ramas arrojaron un saldo negativo de 3.500 puestos.
En la vereda opuesta, las ramas dependientes del consumo interno sufren el mayor impacto. La industria manufacturera acumula 18 meses consecutivos de caída y perdió más de 80.000 empleos registrados desde el inicio de la gestión, concentrando casi la mitad de la destrucción de trabajo formal en el país. Ante este panorama, los especialistas advierten que el debil efecto de arrastre de los sectores primarios no alcanza para compensar la crisis de la industria nacional.