Durante el gobierno de Javier Milei, almorzar se convirtió un lujo para una gran parte de los trabajadores. Uno de cada cuatro trabajadores directamente no come nada durante su jornada laboral.
El presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, hicieron del ancla salarial una de las atas fundamentales de su plan de ajuste para bajar la inflación. Sin embargo, a pesar del empobrecimiento casi generalizado de todos los trabajadores, la inflación entró en un sendero al alza de manera ininterrumpida desde hace 9 meses. Con la cucarda de la desinflación en entredicho, el gobierno libertario insiste en licuar el poder de fuego de los salarios de los trabajadores y las consecuencias ya son palpables.
Así lo dejó en evidencia un informe elaborado por la Universidad Católica Argentina (UCA) y Edenred que advierte que el 83,5% de los trabajadores padece de algún tipo de vulnerabilidad alimentaria durante la jornada laboral debido a sus restricciones presupuestarias.
Este fenómeno, que da cuenta de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios es un fenómeno que se profundiza entre jóvenes, mujeres y trabajadores de menores ingresos.
La problemática se expresa de distintas formas que van desde saltearse comidas, consumir alimentos de menor calidad nutricional o ambas situaciones al mismo tiempo. En un contexto donde el salario real sigue presionado por la inflación y el costo de vida, lo que obliga a muchas familias a ajustar incluso gastos básicos vinculados a la alimentación.
De acuerdo con el informe el 61,1% de los asalariados se saltea comidas por motivos económicos, el 78,5% elige alimentos menos nutritivos para abaratar costos durante la jornada laboral.
La situación más crítica se da entre quienes padecen ambas privaciones al mismo tiempo, debido a que el 56,2% de los trabajadores come menos y peor simultáneamente, lo que evidencia un deterioro profundo en los hábitos alimentarios vinculados al empleo.