La provincia se encamina a registrar las mayores anomalías de temperatura de la Argentina, en un contexto de sequía para las ciudades pero con expectativas de temporales en la cordillera por el fenómeno de El Niño.
A pocos días de la llegada oficial del invierno, el Servicio Meteorológico Nacional presentó su Pronóstico climático trimestral para el período de junio, julio y agosto de 2026. El mapa oficial del organismo revela un escenario contundente para la provincia de Mendoza, la cual se encamina a registrar las mayores anomalías térmicas de toda la Argentina. Mientras que el centro del país y la región pampeana se preparan para afrontar una estación marcadamente húmeda y lluviosa debido a los efectos iniciales de la fase cálida de El Niño, la región de Cuyo experimentará una realidad completamente diferente, caracterizada por fuertes contrastes entre los centros urbanos y la alta montaña.
De acuerdo con el informe técnico del organismo de control, Mendoza presenta las probabilidades más altas del territorio nacional de transitar meses con temperaturas superiores a lo normal. Este calentamiento generalizado se traducirá en una mayor frecuencia de jornadas templadas y tardes benignas, alejadas de los crudos fríos tradicionales de la época. Sin embargo, los meteorólogos advierten un matiz clave para los productores locales: el promedio trimestral elevado no anula la posibilidad de que ocurran irrupciones aisladas de aire polar, capaces de provocar heladas intensas de corta duración en las zonas de cultivo.
En lo que respecta al agua, el panorama en las zonas urbanas y los oasis productivos locales será crítico, con precipitaciones por debajo de la media histórica. Si bien Cuyo se encuentra atravesando de forma natural su estación seca, este año la tendencia se agudiza hacia valores inferiores a los rangos habituales. Este fenómeno amenaza con consolidar en el llano la megasequía que Mendoza arrastra desde hace 15 años, un registro de baja sostenida en las lluvias que preocupa a las autoridades.
La gran incógnita radica en qué pasará con la nieve en la alta montaña, un factor vital para la hidrología provincial dado que los ríos que abastecen de agua potable y riego nacen puramente del deshielo. Aunque el SMN proyecta un llano seco, los antecedentes de años con un fenómeno de El Niño fuerte juegan a favor de las cumbres. Históricamente, el calentamiento del Pacífico favorece el ingreso de frentes húmedos desde el oeste que, al chocar con el cordón montañoso, descargan intensas tormentas de nieve en la frontera, transformándose en el único escudo disponible frente a la sequía.
Este panorama local se inscribe en un contexto de profunda preocupación internacional, ya que la Organización Meteorológica Mundial anunció que existe un 80 por ciento de probabilidad de que El Niño se consolide formalmente en este trimestre, pudiendo alcanzar una intensidad extrema. Las mediciones científicas justifican la alarma mundial: entre finales de abril y mediados de mayo de 2026, las temperaturas del océano Pacífico central se ubicaron más de 6 grados por encima de la media. Los expertos de las Naciones Unidas recordaron que una atmósfera más cálida contiene más energía y humedad, lo que amplifica exponencialmente los impactos del cambio climático.