Tras la caída del precio internacional del crudo, la Casa Rosada apuesta a una reducción nominal en los surtidores para profundizar la desaceleración del IPC.
El Gobierno nacional ha diseñado una hoja de ruta energética con un fuerte componente macroeconómico: proyecta una reducción de hasta el 17% en el precio de los combustibles para inicios de septiembre.
Esta medida busca ser uno de los pilares fundamentales para profundizar la desaceleración de la inflación, con la ambiciosa expectativa de que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se acerque a cero durante ese mes.
El cronograma de los surtidores
De acuerdo con fuentes oficiales, el plan no contempla una baja inmediata. Por el contrario, los valores actuales de las naftas se mantendrán estables durante los próximos 45 a 60 días.
Este "congelamiento" de facto tiene como objetivo permitir que las empresas petroleras, encabezadas por YPF, recuperen el margen de rentabilidad que resignaron meses atrás.
Durante la escalada del crudo provocada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, las compañías aplicaron un mecanismo de buffer para no trasladar la totalidad del aumento internacional a los precios locales.
Ahora que el petróleo Brent ha regresado a niveles cercanos a los de febrero, el Ejecutivo considera que existe el margen necesario para aplicar una corrección a la baja una vez completada la recomposición de las empresas.
Impacto en los precios y la inflación
De concretarse la reducción del 17% proyectada, los valores en los surtidores de la Ciudad de Buenos Aires sufrirían los siguientes cambios:
Nafta súper: Pasaría de los actuales $2.047 a aproximadamente $1.699 por litro.
Nafta premium: Descendería de $2.244 a unos $1.863.
Si bien estos valores no representarían un regreso exacto a los precios de principios de año, sí lograrían borrar gran parte de los fuertes aumentos aplicados en marzo, cuando la súper subió un 24,2% y la premium un 19,6%.
El Gobierno confía en que una reducción nominal de esta magnitud ayude a quebrar la inercia inflacionaria, especialmente tras haber registrado un 2,1% en mayo y proyectar un dato inferior al 2% para junio.
Riesgos y variables en juego
A pesar del entusiasmo en Balcarce 50, el éxito de esta estrategia depende de factores sensibles que podrían neutralizar el beneficio. Los funcionarios admiten que el resultado final estará condicionado por la estabilidad del tipo de cambio, la evolución del precio internacional del crudo y el comportamiento de otros precios regulados.
El punto de mayor incertidumbre es la política tributaria. El Ejecutivo viene difiriendo aumentos en el impuesto a los combustibles desde 2024 para evitar impactos en el IPC.
Sin embargo, si el Ministerio de Economía decidiera aplicar plenamente estos tributos pendientes en agosto, el margen para la baja de precios podría reducirse drásticamente o incluso desaparecer. Por el momento, la decisión oficial es administrar estas subas de forma parcial para priorizar la meta de desinflación acelerada.