El piloto sanrafaelino Gonzalo Antolín quedó a un paso del título de la Clase 2 del Turismo Nacional. Mirá lo que pasó.
Gonzalo Antolín vivió una definición tan emotiva como dolorosa en el Autódromo de San Martín: lideraba con claridad y estaba a minutos de ser campeón de la Clase 2 del Turismo Nacional, pero una rotura de motor lo dejó sin gloria. Aun así, cerró una temporada enorme que lo consolidó entre los mejores del país.
El mendocino llegaba a la última fecha encendido: pole position, triunfo en la serie y un ritmo sólido que lo encaminaba directamente al título. Pero cuando transitaba la vuelta 7 y dominaba la final, su Peugeot 208 se quedó sin motor y la ilusión se desmoronó frente a su gente.
El box vivió un golpe emocional fuerte. Lágrimas, silencio y frustración rodearon al piloto, que igualmente tuvo un gesto noble al pedir disculpas a quienes lo alentaron durante todo el fin de semana. Incluso Julián Santero se acercó a ofrecerle apoyo en un momento donde el destino fue implacable.
"Se hizo todo lo posible, pero los fierros dijeron que no." Con esa frase, Gonzalo Antolín abrió un testimonio breve pero cargado de desazón minutos después de quedar afuera de la definición.
Luego agregó: "Estábamos con todo dado para ser campeón y se rompió el motor, así que nada que reprocharnos. Ganamos la pole, la serie y veníamos ganando la final. son cosas que pasan."
Sobre lo que viene, el mendocino prefirió bajar la ansiedad: "El año que viene hay revancha. pero ahora quiero procesar todo esto y después veremos." Y cerró con un mensaje simple, humano, todavía golpeado por el momento vivido: "Ahora a volver a casa y tomarse unos días."
El título finalmente quedó en manos de Bautista Damiani, que largó tercero, aprovechó el abandono de Antolín y ganó la final para consagrarse campeón con el Toyota Yaris. Pastori, Cafaro y Posco, también candidatos, sufrieron problemas mecánicos en una jornada cargada de dramatismo.
Pese al desenlace, Antolín demostró que su año fue superlativo. Fue protagonista en cada fecha, peleó la corona hasta el último metro y dejó claro que tiene argumentos para volver más fuerte. Su box lo entendió así: cuando regresó para saludar, lo recibió una ovación que reconoció su entrega y su crecimiento. En los fierros, las derrotas duelen, pero siempre hay revancha.