La definición del torneo continental de selecciones quedó atravesada por fallos arbitrales discutidos, tensión extrema, un penal errado insólito y un gol memorable.
La final de la Copa Africana de Naciones entre Senegal y Marruecos quedará grabada como una de las más controvertidas y singulares de la historia del torneo. No solo por el resultado, sino por todo lo que ocurrió antes, durante y después de los 120 minutos disputados en el Estadio Prince Moulay Abdellah.
Los Leones de Teranga se impusieron por 1-0 en el tiempo suplementario gracias a un golazo inolvidable, pero el camino hacia la consagración estuvo lleno de tensión, decisiones arbitrales discutidas y un clima que estuvo a punto de derivar en la suspensión del partido. Desde la previa, el encuentro ya venía cargado.
Senegal había manifestado públicamente su disconformidad con la designación arbitral y había elevado una denuncia formal contra Marruecos, anfitrión del certamen. Ese contexto hizo que cada decisión del juez congoleño Jean Ndala fuera observada con lupa, y el desarrollo del partido no tardó en alimentar la polémica. El trámite fue intenso, disputado y con pocas situaciones claras, pero el verdadero escándalo se desató en el cierre del tiempo regular.
Sin embargo, el momento más delicado llegó minutos después. En un tiro de esquina a favor de Marruecos, El Hadji Malick Diouf sujetó levemente la camiseta de Brahim Díaz y, tras el llamado desde el VAR, el árbitro sancionó penal cuando ya se jugaban 98 minutos. La decisión fue el detonante de una reacción extrema: Pape Thiaw, entrenador de Senegal, les pidió a sus futbolistas que abandonaran el campo de juego en señal de protesta.