- El protagonista de "Free Solo" desafió a la muerte al trepar los 508 metros del rascacielos
El mundo contuvo la respiración este domingo durante exactamente 91 minutos. Alex Honnold, el escalador que redefinió los límites de lo posible en el documental ganador del Oscar Free Solo, volvió a hacer historia. Esta vez no fue una pared de granito en Yosemite, sino el acero y el vidrio del Taipei 101, el undécimo edificio más alto del planeta.
Sin arneses, sin redes de seguridad y equipado solo con sus pies de gato y una bolsa de magnesio, el estadounidense de 40 años conquistó los 508 metros del gigante taiwanés en una transmisión global que batió récords de audiencia.
La hazaña, transmitida en vivo por Netflix, estuvo a punto de cancelarse el sábado por mal clima, pero este domingo el sol de Taipei permitió que Honnold enfrentara su mayor reto urbano. La estructura del edificio, que simula una caña de bambú, presentó obstáculos inéditos para el escalador:
Los "Ruyi" de acero: estructuras metálicas de más de 4 metros que fueron el primer gran escollo en los niveles inferiores.
Las "Cajas de Bambú": ocho módulos superpuestos que obligaron a Honnold a una escalada vertical de 274 metros sin descanso.
El tramo final: la aguja del rascacielos, donde los "desplomes" (inclinaciones hacia afuera) pusieron a prueba la fuerza extrema de sus brazos sobre el vacío absoluto.
"Es increíble. Pasé mucho tiempo imaginando que era posible, pero hacerlo se siente diferente", confesó un Honnold visiblemente relajado apenas pisó la plataforma de seguridad en la cima, tras coronar la esfera metálica con una selfie que ya es viral.
A pesar de la euforia, la escalada no estuvo exenta de críticas feroces. Desde que anunció el proyecto, las redes sociales se dividieron. Muchos cuestionaron su decisión de arriesgar la vida siendo padre de dos niñas pequeñas. El debate sobre la ética de transmitir en vivo un evento donde "el error se paga con la muerte" obligó a la organización a tomar medidas drásticas.
La transmisión tuvo un retraso de 10 segundos. El objetivo era simple pero crudo: poder cortar la señal de inmediato si Honnold caía al vacío, evitando que millones de personas presenciaran una tragedia en directo.
Casi una década después de su legendaria ascensión a El Capitán (Yosemite), Honnold demuestra que su control mental sigue siendo de otro planeta. "El reto más grande era mantenerme tranquilo", explicó.
Mientras miles de personas gritaban desde las calles del distrito financiero de Taipei, él se movía con una parsimonia que desafiaba toda lógica física y hasta se tomó una foto cuando llegó a la cima para darle fin a su extrema película. Este hito no solo marca un antes y un después en la escalada urbana, sino que consolida a Honnold como el deportista de riesgo más influyente de nuestra era.