La Selección Argentina le ganó a Egipto y se metió entre los ocho mejores del mundo, demostrando un bajo nivel colectivo, pero con individualidades capaces de revertir una historia complicada.
Cuanta fuerza emotiva, que envión anímico tuvieron estos jugadores que dar vuelta un resultado que nos tenía ahogados en la impotencia. Y esa pausa de hidratación que nos tenía sedientos y acogotados con un 2 a 0 para Egipto, que nos mandaba de vuelta a casa en el Mundial 2026.
Pero, en el estadio de Atlanta, EE.UU, estos tipos de camiseta celeste y blanca certificaron que tienen sangre para hidratar y revivir a un moribundo. Y comenzaron a dar testimonio activo de una recuperación impresionante en el partido por los octavos de final.
Quedó atrás el penal que le atajaron a Messi y otras jugadas que merecían destino de gol y no fueron. Quedó atrás el bajón por esa desventaja de dos goles que nos tenían condenados a volver con la frente marchita.
Todo quedó atrás con ese cabezazo de número nueve que hizo el marcador central Cuti Romero a los 34'. Y esos héroes estaban en partido y buscaban la igualdad con el mayor fervor que se puede.
Con Leandro Paredes como conductor de la motivación iban todos hacia adelante hasta que a los 38' la pelota fue tocada por dos argentinos adentro del área para que le quedara exacta y mansita para la volea del mejor de todos, de Lionel Messi, que metió el bombazo para la igualdad. Y se fue a los 8 goles en este Mundial para dejar abajo a los terribles Mbappé (Francia) y Haaland (Noruega) con 7 tantos en 5 partidos.
Nada estaba terminado porque vendría el tiempo de alargue y sobre los 3 minutos, pasados los 90, el contragolpe fue a los pies de Lautaro Martínez que se fue por la derecha y se tomó tiempo para calcular el centro justo y preciso para la cabeza de Enzo Fernández que le dio el frentazo hacia la red. Era el 3 a 2 y Argentina lograba lo que 13 minutos antes lo tenía maniatado y afuera.
El equipo argentino parecía inexpresivo y sacó en esa última parte su expresión más combativa para demostrar que el campeón de Qatar está más vivo que nunca. Y entró a los cuartos de final entre los ocho mejores.
Sufriendo y dejando huella de corazón abierto con un fervor épico incomparable. Paremos de sufrir, tenemos 4 días hasta el próximo. Y veremos una nueva batalla de fútbol y gratitud.