Mendoza, de de

Mundo Internacional

El acuerdo nuclear entre EE.UU. y Arabia Saudí afronta oposición en Israel y el Capitolio

Trump condiciona el pacto a la normalización de relaciones diplomáticas entre Riad y Tel Aviv

Sabado, 25 de Julio de 2026
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El acuerdo nuclear firmado este miércoles entre Estados Unidos y Arabia Saudí tiene el potencial de transformar para siempre las dinámicas regionales en Oriente Medio, aunque los detalles sobre su contenido siguen siendo vagos y cambiantes y, en todo caso, deberán ser aprobados en los próximos tres meses por un Congreso receloso y ante la preocupación de Israel.

Cuando el secretario de Energía norteamericano, Chris Wright, anunció el acuerdo en un comunicado, lo enmarcó como un pacto de cooperación nuclear entre Washington y Riad, con una duración de 30 años, según el cual empresas estadounidenses proporcionarán su tecnología y conocimientos para el desarrollo de un programa nuclear en Arabia Saudí para fines civiles. Antes de que Riad pudiera construir instalaciones para enriquecer su propio uranio, debería producirse un estudio conjunto, de dos años, para evaluar su conveniencia.

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Sin embargo, el jueves el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, añadió una condición: exigirá que Riad normalice sus relaciones con Israel mediante los Acuerdos de Abraham, con los que en su primer mandato logró que varios países árabes restablecieran sus relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Además, en una publicación en sus redes sociales, remarcó que el pacto no permite el enriquecimiento de uranio, matizando que EE.UU. "no se opone a instalaciones nucleares civiles (sin enriquecimiento de uranio)".

El reino saudí ha dicho en el pasado que tan solo normalizará relaciones con Israel si se establece una vía clara hacia la creación de un estado palestino, algo que en la actualidad parece improbable. Tanto la Administración de Joe Biden como la de Trump llevan años buscando un acuerdo que permita compartir tecnología estadounidense con Arabia Saudí para fortalecer su alianza con el reino y avanzar hacia la normalización de relaciones con Tel Aviv. Sin embargo, los ataques de Hamás en Israel, que dieron pie a su masacre en Gaza, pusieron el freno de mano a las negociaciones.

Si los saudíes "no se unen a los Acuerdos de Abraham, el acuerdo queda cancelado", insistió el jueves la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Durante su primer mandato, Trump logró que Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudan normalizaran sus relaciones con Israel, lo que fue ampliamente considerado como su mayor éxito en política exterior. Conseguir lo mismo con Arabia Saudí supondría una victoria mucho mayor, pues se trata de las dos grandes potencias del mundo judío y el árabe, donde se encuentran los lugares más sagrados del judaísmo y el islam.

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La producción de uranio enriquecido para fines civiles permitiría a Arabia Saudí acelerar su diversificación de fuentes de energía, ante un posible agotamiento del petróleo en el futuro, para generar electricidad y, entre otras funciones, alimentar los centros de datos, imprescindibles para el procesamiento de inteligencia artificial. Pero varios legisladores en EE.UU. han alzado la voz de alarma porque temen que Riad use esta tecnología en el futuro para desarrollar su propia bomba nuclear.

En la actualidad, solo Israel tiene armas atómicas en su arsenal, aunque la cantidad no es pública, y el mayor aliado de Washington en la región ve con preocupación que este acuerdo desemboque en una proliferación nuclear en Oriente Medio, con otros países, como Turquía, subiéndose a la ola.

Sin embargo, el posible enriquecimiento de uranio saudí es un asunto espinoso. El príncipe heredero, Mohammed bin Salman, ha sugerido en el pasado que, si Irán logra la bomba nuclear, su país también buscará producirla, lo que a su vez elevaría la preocupación de Israel, que lleva años alertando sobre el riesgo de que esto ocurra.

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Aunque el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, no se ha pronunciado sobre el contenido del acuerdo, ha celebrado la condición de Trump de normalizar relaciones, pues "crea la posibilidad de expandir el círculo de paz" en la región. Sin embargo, la oposición ha criticado el hecho de que Tel Aviv haya sido apartado durante las negociaciones, lo que supone "un fracaso diplomático total", en palabras del líder opositor Yair Lapid. "El acuerdo empuja a todo Oriente Medio a una carrera armamentística nuclear", ha advertido el exministro de Defensa Avigdor Lieberman.

El acuerdo prohibiría a Riad desarrollar su propia tecnología de enriquecimiento o comprarla a países que no sean EE.UU. durante la primera década de las tres contempladas. A diferencia del acuerdo nuclear con Irán, que permitió pero restringió en el 2015 su enriquecimiento de uranio solo para fines civiles, en este caso no se obligaría a Arabia Saudí a dejar entrar a inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) para revisar el programa nuclear.

En el 2009, EE.UU. ya firmó un acuerdo parecido con Emiratos Árabes Unidos para cooperar en el desarrollo de energía nuclear. Sin embargo, Dubai sí fue obligado a firmar el llamado Protocolo Adicional del OIEA, que contempla la supervisión del programa. En el caso de Arabia Saudí, se ha resistido a firmar ese protocolo por temor a que los inspectores puedan entrar en la ciudad santa de La Meca o en los palacios reales. De este modo, es únicamente un pacto bilateral, aunque la Junta de Gobernadores del OIEA tendrá que ratificar sus términos.

El pacto se produce en medio de una nueva escalada en Oriente Medio, donde EE.UU. e Irán han intercambiado esta noche ataques por decimotercer día consecutivo. La justificación de Trump para esta guerra fue que Teherán no puede desarrollar nunca la bomba nuclear, aunque la república islámica ha dicho repetidamente que su programa tan solo persigue fines civiles. 

Javier de la Sotilla

Washington