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Terremoto en Colombia: el testimonio del abogado mendocino que vive el toque de queda

Contó los momentos de pánico durante el temblor, los derrumbes en su barrio y la tensión por el desabastecimiento.

Miercoles, 12 de Agosto de 2026

Esteban Girone, un abogado mendocino radicado desde hace siete meses en Cali, relató los momentos de pánico que vivió tras el devastador terremoto que sacudió a Colombia. Pese a estar acostumbrado a los sismos por su vida en Mendoza, el profesional aseguró en diálogo con radio Nihuil que el movimiento duró más de un minuto y medio y fue mucho más violento de lo que jamás había experimentado.

El sismo sorprendió al mendocino cerca de las 7:30 en su habitación. "Cuando se hizo muy fuerte, bajé las escaleras rebotando entre la pared y la baranda; en la calle no se podía hacer pie", describió. Aunque su casa de dos pisos en el barrio Nueva Granada Sur soportó el embate sin colapsar, las construcciones linderas sufrieron voladuras de techos, derrumbes completos y una densa nube de polvo.

Destrozos, hospitales evacuados y rescates desesperados

El panorama tras el temblor reveló escenas desgarradoras en toda la ciudad. A pocas cuadras de su hogar, un edificio colapsó junto a un centro de salud que debió evacuar a sus pacientes hacia un sector de cocheras. En otras zonas, vecinos y voluntarios sin preparación técnica comenzaron a remover escombros manualmente para buscar atrapados, una situación que Girone calificó como "muy peligrosa y descontrolada".

La potencia del evento le recordó al histórico terremoto de Caucete en 1977 o al de Mendoza en 1985, aunque insistió en que lo ocurrido en suelo colombiano superó cualquier antecedente por su prolongada duración. Pese a la magnitud del desastre, confirmó que se encuentra en buen estado de salud junto a su pareja.

Toque de queda y riesgo de desabastecimiento

Más allá de la emergencia estructural, la ciudad enfrenta ahora una compleja crisis social. Las autoridades locales decretaron el toque de queda en un intento por prevenir saqueos y desmanes frente a la interrupción de los servicios básicos y el cierre total de los grandes supermercados.

A esto se le suma la caída de los sistemas electrónicos de cobro, lo que obliga a la población a abastecerse únicamente con dinero en efectivo en pequeños comercios de cercanía. Aunque la presencia del Ejército aporta cierta tranquilidad en las calles, los residentes temen que la falta de insumos derive en conflictos de seguridad durante los próximos días.