El control del Estrecho de Ormuz y el retiro de tropas aparecen como los ejes centrales de una negociación que mantiene en vilo al mundo.
Estados Unidos e Irán acordaron abrir una instancia de diálogo formal con el objetivo de encaminar un eventual acuerdo de paz que ponga fin a la escalada bélica en Medio Oriente. Las negociaciones comenzarán este viernes en la ciudad de Islamabad, Pakistán, país que asumió un rol protagónico como intermediario en el conflicto. El acercamiento se produce luego de que ambas potencias aceptaran una tregua de 14 días, logrando frenar las hostilidades justo antes de que venciera el ultimátum lanzado por la Casa Blanca.
La mediación paquistaní, encabezada por el primer ministro Shehbaz Sharif, fue fundamental para destrabar las conversaciones y evitar un ataque inminente contra la infraestructura energética iraní. El presidente Donald Trump había advertido que los bombardeos eran una posibilidad real si no se garantizaba la libre circulación por el Estrecho de Ormuz. Con este nuevo escenario, Washington busca asegurar la estabilidad del mercado petrolero, mientras que el gobierno de Pakistán intenta consolidarse como el gran pacificador de la región.
Desde Teherán, el Consejo de Seguridad Nacional dejó en claro que el éxito de la mesa de diálogo estará condicionado a un plan de diez puntos. Entre las principales exigencias iraníes figuran el control soberano sobre el Estrecho de Ormuz, el retiro de las tropas estadounidenses de la zona y el cese total de los ataques por parte de Estados Unidos e Israel. Para las autoridades iraníes, esta instancia no significa una rendición, sino un espacio para definir los términos de convivencia y supervisión del tránsito marítimo internacional.
La tregua llega en un momento de máxima fragilidad diplomática, tras una ofensiva militar conjunta entre EE.UU. e Israel a fines de febrero que provocó bajas sensibles en la cúpula de Irán. Mientras la administración de Trump sostiene que ya cumplió con sus objetivos estratégicos de disuasión, el régimen iraní asegura que llega a la mesa de negociación en una posición de fortaleza política. Este cruce de relatos será el telón de fondo de las reuniones que se extenderán, en principio, durante las próximas dos semanas.
El mundo observa con atención el inicio de estas conversaciones, ya que de su avance depende no solo la paz regional sino también la estabilidad económica global. Los delegados de ambos países tienen la difícil tarea de transformar un cese al fuego temporal en un compromiso duradero que evite nuevos enfrentamientos directos. Por ahora, la ciudad de Islamabad se convierte en el epicentro de la diplomacia mundial, con la posibilidad de ampliar el plazo del diálogo si se registran progresos concretos en los primeros encuentros.