El ministro Vargas Arizu destacó la quita de aranceles y el acceso a un mercado de 300 millones de personas.
Mendoza sigue con especial atención los detalles del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, cuya firma oficial se concretará este sábado en Paraguay con la presencia del presidente Javier Milei. Para la provincia, el entendimiento representa una oportunidad estratégica para potenciar sus economías regionales, especialmente por la futura eliminación de aranceles a los alimentos. Los sectores vinculados a la uva de mesa, el durazno, las frutas secas y las pasas de uva aparecen como los principales beneficiarios de este nuevo escenario comercial.
El ministro de Producción de la provincia, Rodolfo Vargas Arizu, calificó el hecho como un gran avance, aunque advirtió que será necesario revisar los términos pactados originalmente en 2019. El funcionario mendocino subrayó que el sector agrícola regional posee ventajas competitivas frente al europeo, que cuenta con tierras más desgastadas. Según su visión, la llegada de nuevas tecnologías y la baja de impuestos de importación permitirán un desarrollo exponencial del campo argentino en los próximos años.
Sin embargo, desde el Ejecutivo provincial aclararon que la apertura de los mercados no será de un día para el otro. Se prevén plazos de adecuación progresivos que, dependiendo del producto, podrían extenderse entre cinco, siete y hasta diez años. Esta gradualidad busca que los productores locales puedan adaptarse a las exigencias del mercado europeo mientras comienzan a disfrutar de una baja arancelaria que les permitirá competir en igualdad de condiciones en un bloque de casi 300 millones de habitantes.
Para el ministro, la clave reside en que el agro del Mercosur es mucho más potente que el del Viejo Continente. La posibilidad de acceder a financiamiento y maquinaria avanzada, sumado a la eliminación de las barreras comerciales, genera un clima de entusiasmo en las cámaras exportadoras de Mendoza. La provincia, como gran productora de alimentos procesados y frescos, busca consolidar su presencia en los anaqueles europeos y recuperar el terreno perdido en las últimas décadas frente a otros competidores internacionales.
La revisión de las partidas negociadas hace seis años será uno de los puntos fundamentales a seguir de cerca por los equipos técnicos. El mundo cambió desde 2019 y Mendoza pretende que las nuevas condiciones reflejen la realidad actual de la industria vitivinícola y frutícola. De confirmarse los beneficios proyectados, el impacto en la generación de empleo y en el ingreso de divisas para la provincia podría ser significativo en el mediano plazo, fortaleciendo el perfil exportador mendocino.
Finalmente, el acuerdo se percibe como una ventana hacia la modernización de los procesos productivos. La integración con la Unión Europea no solo implica vender más, sino elevar los estándares de calidad y sustentabilidad que hoy demanda el consumo global. Con la firma de este sábado, Mendoza empieza a trazar un nuevo mapa para sus productos, apostando a que la potencia del suelo local y la tecnología internacional se unan para dinamizar la economía del oeste argentino.