El Servicio Meteorológico Nacional proyecta un trimestre con registros térmicos por encima de la media en toda la provincia.
Tras un verano marcado por intensas tormentas, el otoño finalmente se instaló en Mendoza. Considerada por visitantes, residentes y poetas como una de las estaciones más bellas para vivir en la provincia, este año el cambio de ciclo no pasó desapercibido y marcó su presencia con una jornada nublada, ventosa y un marcado descenso de la temperatura inicial. Si bien la tradición indica que el inicio ocurre cada 21 de marzo, el fenómeno astronómico se adelantó y comenzó formalmente a las 11.46 de este viernes 20 de marzo, pintando los primeros tonos ocres en la arboleda local.
Más allá de la mística y la belleza particular que caracteriza a la estación en Cuyo, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ya dio a conocer su pronóstico trimestral con las tendencias para marzo, abril y mayo. Según el informe oficial, se anticipa para Argentina un otoño con temperaturas por encima de la media de manera generalizada. En el caso específico de Mendoza, las probabilidades de presentar estos registros elevados oscilan entre el 45 y el 50 por ciento, situando a la provincia en una zona de comportamiento climático similar al de La Pampa y Buenos Aires.
Este escenario de mayor calor respecto a los promedios históricos será especialmente notorio en los extremos del país, aunque Cuyo no quedará exento del fenómeno. Regiones como el sur de la Patagonia y el Noroeste Argentino tienen hasta un 50 por ciento de chances de experimentar jornadas más cálidas de lo normal. Para los mendocinos, esto significa que, a pesar del ingreso de frentes frescos típicos de la época, la tendencia general de los próximos tres meses estará marcada por una moderación térmica que podría retrasar la llegada del frío intenso de invierno.
La diversidad geográfica de Argentina suele presentar grandes brechas climáticas, pero para este ciclo 2026 la proyección es inusualmente uniforme en cuanto al ascenso térmico. Mendoza comparte esta previsión junto con el litoral y el centro de la Patagonia, lo que sugiere que las tardes otoñales podrían ser más placenteras y menos rigurosas en términos de heladas tempranas. Estos datos son fundamentales para la planificación de actividades agrícolas y turísticas, sectores que dependen estrechamente de la estabilidad del tiempo en la cordillera y el llano.
Con el otoño ya en marcha, los paisajes mendocinos comienzan su transformación característica mientras la sociedad se adapta a este nuevo ritmo estacional. La combinación de cielos despejados y temperaturas superiores a la media promete una temporada ideal para recorrer las rutas del vino y los senderos de montaña. Ahora resta observar cómo evolucionarán las precipitaciones en los meses venideros para completar el cuadro de una de las estaciones que más identidad le otorga a la geografía y a la cultura de la provincia de Mendoza.