El delantero uruguayo sigue trabajando de manera diferenciada por una lesión persistente y en el club asumen que su rutina especial podría sostenerse a lo largo del año.
La pretemporada de Boca comenzó con una postal que ya se volvió habitual en los últimos meses: Edinson Cavani entrenándose de manera diferenciada. El delantero uruguayo, que arrastra una molestia en el psoas derecho desde fines de septiembre, no logra integrarse al ciento por ciento a los trabajos del grupo y su situación física empieza a generar preocupación, tanto en el cuerpo técnico como en los hinchas.
Desde el inicio de las tareas el pasado 2 de enero, Cavani alternó ejercicios livianos con el plantel y rutinas individuales, evitando las cargas más intensas. En el club reconocen que, a sus 38 años, el goleador difícilmente pueda sostener la misma metodología de entrenamiento que el resto de sus compañeros, y admiten que esta dinámica podría transformarse en una constante a lo largo de la temporada.
El delantero no participa de todos los bloques de trabajo y suele sumarse solo a determinadas partes de la práctica. En algunas jornadas, realiza entrenamientos en solitario por la mañana y se incorpora parcialmente por la tarde, aunque vuelve a apartarse cuando llegan los ejercicios con pelota o las exigencias físicas más fuertes. La idea del cuerpo técnico es administrar cuidadosamente sus cargas para evitar recaídas en una lesión considerada extremadamente molesta para la práctica deportiva.
Más allá de su ausencia en las canchas, dentro del club destacan el rol que cumple el uruguayo puertas adentro. Su experiencia, liderazgo y ascendencia en el vestuario son valorados tanto por la dirigencia como por el cuerpo técnico y sus compañeros. El charrúa se mantiene cerca del grupo, acompaña a los más jóvenes y aporta desde lo anímico, aun cuando no puede estar a la par en lo futbolístico.