El presidente trasandino evitó realizar homenajes por los 53 años del golpe de Estado de 1973. Decidió viajar al sur y mantener silencio ante las polémicas frases de Javier Milei.
El presidente de Chile, José Antonio Kast, rompió con 36 años de tradición democrática al decidir no encabezar ningún acto oficial de conmemoración por el 53° aniversario del golpe de Estado de 1973.
La medida marca un quiebre respecto a la postura adoptada por todos los jefes de Estado trasandinos desde el retorno de la democracia en 1990.
En lugar de liderar los homenajes institucionales en el Palacio de La Moneda en memoria del expresidente Salvador Allende, Kast optó por desplazarse a la región de Los Ríos, en el sur del país, para continuar con sus actividades habituales. Desde el Ejecutivo chileno remarcaron que el mandatario busca enfocarse en el futuro y manifestaron respeto por las distintas visiones sobre la fecha, habilitando únicamente la misa habitual de los viernes para quienes desearan orar.
La decisión generó un fuerte rechazo en sectores de la oposición, que criticaron tanto la ausencia de actos estatales como el silencio gubernamental ante las recientes declaraciones de Javier Milei. Durante el Foro Madrid, el presidente argentino elogió la figura del régimen militar de Augusto Pinochet al asegurar que trajo estabilidad económica tras el derrocamiento de Allende, palabras que no recibieron respuesta oficial por parte de la administración chilena.
Con este movimiento, Kast sostiene la línea política expuesta en su última campaña, distanciándose de la fecha más divisiva de la historia reciente de Chile y abriendo un nuevo capítulo de tensión política en la región.