El mandatario estadounidense sacudió el Foro Económico Mundial con su propuesta de compra sobre la isla ártica.
El presidente Donald Trump volvió a captar la atención del Foro Económico Mundial en Davos con un discurso cargado de definiciones geopolíticas y económicas. En un contexto de alta tensión con sus aliados del Viejo Continente, el republicano reafirmó su intención de adquirir Groenlandia, argumentando que ninguna otra nación tiene la capacidad de proteger ese territorio como Estados Unidos. La propuesta, que ya había generado fricciones diplomáticas en el pasado, fue presentada por Trump como una necesidad estratégica inmediata para la seguridad global.
"Amo a Europa y quiero verla prosperar, pero no va en la dirección correcta", sentenció Trump ante los líderes mundiales. El mandatario fue tajante al señalar que muchos lugares del territorio europeo ya no son reconocibles y sugirió que sus aliados deberían seguir el ejemplo de gestión de su país para revertir la decadencia. Para el líder estadounidense, el éxito de su administración es la prueba de que su modelo de desarrollo es el único capaz de sostener la estabilidad en Occidente.
En su intervención, que se produjo minutos antes de las palabras del presidente argentino Javier Milei, Trump también se refirió a la situación de Venezuela. Aseguró que al país sudamericano le irá fantásticamente bien tras la salida de Nicolás Maduro y pronosticó que, mediante la cooperación con Estados Unidos, Venezuela podría generar más ingresos en seis meses que en las últimas dos décadas. Esta visión optimista sobre el cambio de régimen en la región fue uno de los puntos más comentados de su paso por Suiza.
El eje central de su mensaje fue el rol de su país como columna vertebral de las finanzas internacionales. "Estados Unidos es el motor económico del planeta", afirmó con contundencia, advirtiendo que cuando su nación prospera, el mundo entero se beneficia, pero que si a ellos les va mal, el resto de las potencias caerá inevitablemente. Esta postura reafirma su visión de una economía global que depende directamente de la fortaleza y el crecimiento del mercado estadounidense.
Las tensiones geopolíticas por la soberanía de Groenlandia marcaron el clima de una jornada donde Trump buscó mostrar a Estados Unidos como una potencia más grande de lo que muchos imaginan. La insistencia en negociar la adquisición de la mayor isla del mundo no solo incomoda a Dinamarca y a la Unión Europea, sino que redefine las prioridades de su agenda exterior. Para el mandatario, la soberanía territorial y el poder económico son dos caras de la misma moneda que su gestión pretende consolidar.
Con este discurso, Trump dejó preparado el escenario para el resto de los mandatarios que integran la agenda de Davos. Sus declaraciones sobre la hegemonía estadounidense y la necesidad de reformas profundas en Europa y Latinoamérica siguen resonando en los pasillos del foro. Mientras tanto, el mundo financiero analiza el impacto de sus palabras sobre los mercados y la posibilidad real de que sus ambiciosas metas geopolíticas comiencen a tomar forma en los próximos meses.