En Mendoza, el Gobierno ya reasigna recursos ante el cambio demográfico.
La escuela primaria argentina se enfrenta a un fenómeno demográfico sin precedentes que transformará la fisonomía de las aulas en los próximos años. De cumplirse las proyecciones actuales, para el año 2030 el país tendrá 1,2 millones de alumnos menos que en 2023, lo que representa una caída del 27 por ciento en la matrícula de nivel primario. Este escenario, planteado por un reciente informe de Argentinos por la Educación, obligará a redefinir la organización del sistema educativo, planteando el desafío de gestionar aulas con menos estudiantes y optimizar los cargos docentes existentes.
En nuestra provincia, las proyecciones indican que la media se ubicará entre 13 y 15 alumnos por docente, situando a Mendoza por encima del promedio nacional esperado. Ante esta tendencia, la subsecretaria de Educación local, Claudia Ferrari, confirmó que la merma ya se percibe en el nivel inicial y que se están implementando estrategias para evitar que la infraestructura y el recurso humano queden ociosos. La funcionaria destacó que se está trabajando activamente en la universalización de las salas de 3 años para absorber la capacidad que dejan las salas de 4 y 5 años con menos inscriptos.
El plan de contingencia mendocino muestra resultados concretos: de las 60 salas de 3 años que funcionaban en 2024, se pasó a 120 al cierre de 2025, con el objetivo de finalizar el 2026 con 180 salas operativas. Según Ferrari, esta conversión responde tanto a una demanda creciente de las familias como a la necesidad de hacer un uso eficiente de los recursos físicos y docentes. Al ocupar estos espacios con niños de menor edad, el sistema logra sostener la matrícula total y ofrecer un servicio educativo temprano que no es obligatorio por ley, pero sí altamente valorado.
A nivel nacional, la reducción de la cantidad de alumnos por docente podría pasar de un promedio de 16 a apenas 12 en solo cuatro años. Sin embargo, la pérdida de matrícula no será uniforme en todo el territorio. La provincia de Buenos Aires es la que sufrirá el mayor impacto en números absolutos, con medio millón de estudiantes menos. En términos porcentuales, las situaciones más críticas se proyectan en Tierra del Fuego, Santa Cruz y la Ciudad de Buenos Aires, donde la caída de la matrícula podría superar el 34 por ciento.
En contraste, provincias como Santiago del Estero, Misiones y Corrientes experimentarían descensos más moderados. Esta asimetría federal obligará a cada jurisdicción a diseñar planes de readecuación específicos. Los especialistas sostienen que, lejos de ser solo un problema de cantidad, la transición demográfica es una oportunidad histórica para mejorar la calidad educativa. Con grupos más reducidos por sección, los docentes podrían brindar una enseñanza más personalizada, siempre que no se reduzca la inversión presupuestaria en el sector.
El desafío para Mendoza y el resto del país será transitar este camino silencioso de la caída de la natalidad sin afectar la estabilidad del sistema. La redefinición de las secciones escolares y la reasignación de partidas presupuestarias serán los ejes de la agenda educativa de los próximos años. Mientras tanto, la mirada está puesta en cómo transformar lo que parece una crisis demográfica en una ventaja competitiva para lograr que los chicos aprendan más y mejor en aulas menos saturadas.