Poner un potus junto a la puerta no es solo estética: esta tradición del Feng Shui busca protección, energía positiva y bienestar en casa.
El potus es una de las plantas más elegidas para interiores, pero su ubicación cerca de la puerta de entrada no es casual. Más allá de lo decorativo, esta costumbre tiene un significado simbólico y práctico que se repite en distintas culturas desde hace décadas.
Según especialistas en cuidado del jardín y plantas de interior, colocar un potus en ese lugar responde tanto a creencias tradicionales como a beneficios concretos para el hogar.
La costumbre de ubicar plantas en accesos y entradas se remonta a prácticas del feng shui, una filosofía china milenaria que busca armonizar los espacios.
En este sistema, la puerta de entrada es considerada el punto por donde ingresa la energía al hogar.
El potus, por su crecimiento constante y hojas verdes en forma de corazón, simboliza prosperidad, protección y equilibrio.
En América Latina, esta creencia se fusionó con saberes populares: muchas familias colocaban plantas resistentes cerca de la puerta como forma de cuidar la casa, atraer buena fortuna y "filtrar" energías negativas del exterior.
El potus (Epipremnum aureum) es una planta extremadamente resistente, capaz de crecer con poca luz y adaptarse a distintos ambientes.
Esa capacidad de sobrevivir y expandirse se asocia simbólicamente con la estabilidad del hogar y la continuidad.
Además, estudios sobre plantas de interior destacan que el potus ayuda a mejorar la calidad del aire, absorbiendo compuestos contaminantes. Por eso, ubicarlo cerca de la puerta cumple una doble función: simbólica y funcional.
Beneficios prácticos de colocarlo en la entrada
Más allá de las creencias, hay razones concretas para poner un potus cerca de la puerta:
Tolera cambios de temperatura y corrientes leves
Necesita luz indirecta, común en entradas
Actúa como barrera visual verde
Requiere poco mantenimiento
En casas y departamentos argentinos, donde la puerta suele ser un punto de paso constante, el potus se mantiene sano sin exigir cuidados intensivos.
Para que el potus cumpla su función, conviene ubicarlo en una maceta firme, con buen drenaje y sin sol directo.
Puede ser colgante o apoyado en un mueble bajo, siempre evitando que quede expuesto al viento fuerte.
Un riego moderado y limpiar sus hojas una vez por semana es suficiente.
Esta práctica, heredada y adaptada con el tiempo, sigue vigente porque combina tradición, estética y utilidad real.