El ausentismo y la repitencia empeoran los desempeños escolares.
La educación argentina registró un marcado retroceso en las pruebas PISA al mostrar bajas simultáneas en las tres áreas evaluadas: Matemática (367 puntos), Lectura (389) y Ciencias (393). Se trata de una caída inédita en la historia del examen internacional para el país, donde el resultado en Matemática se ubicó en su piso más bajo en los últimos veinte años.
Un análisis elaborado por el IERAL de la Fundación Mediterránea detalló que las cifras nacionales profundizan un rendimiento precario. En la prueba de Matemática, el 75,8% de los estudiantes de 15 años quedó por debajo del Nivel 2, considerado el umbral mínimo de competencias básicas, mientras que en Lectura y Ciencias la brecha alcanza a casi el 60% de los alumnos.
El panorama local contrasta con el desempeño de países vecinos de la región. Mientras en la Argentina tres de cada cuatro adolescentes no logran resolver ejercicios matemáticos básicos, en Uruguay la proporción cae al 57,9% y en Chile al 59,2%. Asimismo, solo un 8,4% de los jóvenes argentinos alcanza los niveles superiores de conocimiento, la mitad de lo registrado en las naciones limítrofes.
Más allá de los puntajes, el relevamiento puso la lupa sobre las condiciones de vida y las trayectorias escolares. Un 17,7% de los estudiantes declaró haber repetido al menos un año —cifra que escala al 28,7% en los sectores más vulnerables— y un 27,6% afirmó haber realizado trabajos remunerados en las semanas previas al examen.
El ausentismo se consolidó como otro factor crítico durante la evaluación. El 27,8% de los alumnos faltó a clases en los días previos a la prueba, registrando luego un desempeño sensiblemente menor: quienes faltaron obtuvieron hasta 39 puntos menos que aquellos que mantuvieron la asistencia regular.
La diferencia socioeconómica continúa marcando la brecha educativa del país, con una distancia de 79 puntos en Matemática entre el cuartil de mayores ingresos y el de menores recursos. El informe concluye que los datos describen una generación con trayectorias interrumpidas, un escenario que condicionará de forma directa el capital humano y el desarrollo económico futuro de la Argentina.