En el marco del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, especialistas mendocinos remarcan la importancia de detectar señales tempranas como el aislamiento y fortalecer el diálogo cotidiano.
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha impulsada por la OMS para visibilizar una problemática compleja. Las cifras recientes en la Argentina reflejan la gravedad del escenario: durante 2025 se registraron 5.209 fallecimientos por esta causa, lo que representó un incremento del 22,6% respecto al año previo y la consolidó como la principal causa de muerte violenta en jóvenes de 15 a 34 años.
Frente a esta realidad, especialistas locales analizan el impacto de la ideación suicida y la necesidad de abordar el sufrimiento emocional sin estigmas. La licenciada en Psicología María Elsa Beguerí, profesional mendocina en consultorio y servicio de orientación escolar, remarcó que si bien no hay una fórmula sintomática exacta, existen indicadores clave a los que prestar atención, como el aislamiento, el descuido personal y la desconexión con los proyectos de vida.
Para el ámbito familiar, la especialista enfatizó la importancia de cultivar la presencialidad y el acompañamiento constante con los adolescentes. Monitorear cambios bruscos de conducta, hábitos de descanso o alimentación y sostener conversaciones cotidianas sin invadir ni juzgar constituyen herramientas fundamentales para la contención, especialmente ante exigencias sociales y el uso de redes.
En el contexto educativo, donde los episodios de crisis aparecen a edades cada vez más tempranas, las instituciones cuentan con protocolos de actuación específicos. Ante verbalizaciones de alerta por parte de un alumno, los docentes actúan como el primer eslabón de ayuda, dando intervención inmediata a los equipos de orientación y directivos para articular la asistencia profesional.
Por otro lado, el abordaje en adultos presenta desafíos mayores al no existir mecanismos institucionales de detección automática, sumado a las barreras económicas y las limitaciones de cobertura que enfrenta el sistema de salud mental en general.
A pesar de la complejidad del panorama, los expertos coinciden en que la mayoría de los casos pueden prevenirse mediante redes de apoyo sólidas. Pedir ayuda a tiempo, acudir a espacios de escucha profesional y derribar los tabúes sobre la salud mental resultan pasos indispensables para salvar vidas.