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¿Un sismo como el de Venezuela puede ocurrir en Mendoza? La respuesta de una científica del Conicet

Recordó el antecedente histórico de 1861 en la provincia, analizó la efectividad de las construcciones actuales y detalló un innovador proyecto experimental que buscó anticipar temblores.

Viernes, 26 de Junio de 2026

El devastador terremoto de magnitud 7,2 que sacudió a Venezuela este jueves 24 de junio de 2026 volvió a encender las alarmas y a instalar una pregunta recurrente en la opinión pública local: ¿podría ocurrir un fenómeno de similar envergadura en una provincia acostumbrada a convivir con la actividad telúrica? Para la reconocida científica mendocina del Conicet, Stella Maris Moreiras, la respuesta requiere una distinción técnica fundamental. La especialista aclaró que ambos territorios responden a contextos geológicos y tectónicos totalmente diferentes, por lo que las comparaciones directas carecen de sustento científico.

Sismicidad de intraplaca, el recuerdo de 1861 y un innovador método experimental

Moreiras detalló que el territorio venezolano se encuentra ubicado exactamente sobre el área de contacto directo entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, un límite interplacas propenso a generar eventos de magnitudes extremas. Por el contrario, la provincia de Mendoza presenta un fenómeno denominado sismicidad de intraplaca. Esto significa que los temblores locales no se producen en el borde de una placa, sino en su interior, estando estrechamente asociados a la dinámica de las fallas geológicas activas que surcan la cordillera de los Andes y la zona del piedemonte, cuyas fuerzas liberadas suelen alcanzar topes de magnitud menores a los de los límites marinos.

Al evaluar el potencial peligro local, la investigadora recordó que el terremoto más destructivo registrado en la historia de la provincia fue el de 1861, cuya magnitud fue recalculada por estudios modernos en torno a 7. Aquel fatídico evento destruyó por completo la antigua capital mendocina, debido a que las estructuras estaban edificadas con adobe y materiales precarios. En la actualidad, el escenario urbano es radicalmente opuesto gracias a los estrictos códigos de construcción sismorresistente. La experta graficó de manera simple que estas normas garantizan que las viviendas no colapsen sobre los habitantes, aunque aclaró que un sismo fuerte puede dejar una propiedad inhabitable o con severos daños estructurales según su cercanía al epicentro.

Por otra parte, la científica del Conicet lanzó una advertencia preocupante respecto al comportamiento social actual frente al riesgo geológico, señalando que la memoria sísmica colectiva se va perdiendo con el paso del tiempo. Las generaciones más jóvenes de mendocinos no tienen un registro vivencial de lo que implica un desastre de gran escala, dado que no experimentaron eventos severos como el recordado terremoto de 1985. Diversas encuestas locales reflejan que, si bien la población sabe de forma teórica que habita en una zona de peligro, muchas personas no dimensionan la velocidad ni el impacto real de un evento extremo, volviendo indispensable sostener de forma permanente los simulacros escolares y ciudadanos.

Finalmente, Moreiras reveló detalles de su participación en el proyecto denominado Método de Alerta Sísmica Temprana para Mendoza, un desarrollo científico conjunto con la Fundación Escuela de Medicina Nuclear (Fuesmen) que contó con financiamiento del Ministerio de Defensa entre los años 2019 y 2023. La investigación logró comprobar de manera experimental que la medición de las emanaciones de gas radón en la corteza terrestre registraba aumentos significativos días antes de que se produjeran ciertos temblores. Aunque la experta aclaró que la técnica es incipiente y no permite predecir con exactitud el epicentro ni la magnitud de un sismo, lamentó que el proyecto se encuentre actualmente interrumpido debido a la falta de presupuesto para garantizar su continuidad.