La irritación del sistema digestivo y la distensión del diafragma son las claves de este molesto síntoma.
Seguramente te ha pasado: estás disfrutando de una juntada y, tras un par de copas, aparece un hipo persistente que parece no querer irse. Aunque suele ser motivo de bromas entre amigos, el hipo al ingerir alcohol tiene una explicación fisiológica concreta. Se trata de una contracción involuntaria y espasmódica del diafragma, el músculo que separa el pecho del abdomen, el cual reacciona ante diversos estímulos que lo confunden durante el consumo de bebidas.
Existen tres factores principales que desencadenan este proceso. En primer lugar, el alcohol actúa como un irritante para la mucosa del esófago y el estómago, lo que puede alterar el nervio vago o el nervio frénico, encargados de controlar el movimiento diafragmático. Además, la distensión gástrica juega un rol fundamental; las bebidas con gas, como la cerveza o los tragos con soda, expanden el estómago y este termina presionando el diafragma, provocando los famosos espasmos.
Otro detonante frecuente es el reflujo gastroesofágico. El consumo de alcohol tiende a relajar el esfínter esofágico inferior, lo que permite que el ácido del estómago suba e irrite la zona. Esta combinación de irritación y presión mecánica es la que genera que el hipo se vuelva difícil de controlar en medio de una cena o salida. No es una cuestión de "mala suerte", sino una respuesta directa de tu cuerpo al tipo de sustancia y la velocidad con la que se ingiere.
Para quienes buscan una solución rápida, existen técnicas respaldadas por especialistas. Una de las más efectivas es la Maniobra de Valsalva, que consiste en exhalar aire con fuerza manteniendo la boca cerrada y la nariz tapada. También funciona la estimulación del nervio vago mediante sorbos pequeños de agua muy fría o simplemente aguantando la respiración por diez segundos. Los expertos sugieren, además, alternar cada copa con un vaso de agua para reducir la irritación gástrica general.
Aunque el hipo por alcohol es inofensivo en la inmensa mayoría de los casos, hay señales de alerta a las que debemos prestar atención. Instituciones como la Clínica Mayo advierten que, si el episodio persiste por más de 48 horas, deja de ser una molestia pasajera para convertirse en un motivo de consulta médica. Un hipo prolongado podría estar ocultando una afección subyacente que requiere un diagnóstico profesional más allá de la anécdota de la fiesta.
En conclusión, el hipo es la forma en que el organismo reacciona a la intensidad de la bebida. Beber con moderación, evitar el exceso de gas y no apurar los tragos son los mejores aliados para evitar este momento incómodo. La próxima vez que aparezca en una reunión, ya sabrás que tu diafragma simplemente está pidiendo un respiro ante la irritación que le genera el brindis.