Conocé los hábitos y soluciones prácticas para estimular la producción de saliva y proteger tu sonrisa.
Durante el verano es habitual sentir que la boca está seca o que los labios se parten con facilidad. Aunque la primera reacción suele ser tomar agua, muchas veces esta acción no es suficiente para revertir el malestar si no se corrigen ciertos hábitos cotidianos. La sequedad bucal no solo es una sensación incómoda, sino que puede derivar en problemas de salud más profundos si no se trata adecuadamente. Por ello, existen diversos pasos y recomendaciones que permiten mantener una hidratación óptima y mejorar el bienestar general de la boca.
Uno de los factores que más influyen en la deshidratación son las infusiones como el té o el café, además de las gaseosas y el alcohol. Estas bebidas tienden a agravar el síndrome de boca seca, por lo que limitar su consumo es el primer paso para notar una mejora. Asimismo, es fundamental prestar atención a la forma en que respiramos; el hábito de respirar por la boca reseca los tejidos internos de manera inmediata y suele favorecer la aparición de mal aliento, por lo que se recomienda priorizar siempre la respiración nasal.
El uso de hierbas naturales también ofrece soluciones efectivas. Plantas como la menta o el aloe vera tienen la capacidad de estimular las glándulas salivales de forma natural. Consumir jugo de aloe vera, por ejemplo, proporciona un alivio casi instantáneo a la sensación de ardor o tirantez. Esta alternativa es ideal para quienes buscan opciones menos procesadas y desean un efecto refrescante duradero durante las jornadas de calor extremo en la provincia.
Otra herramienta útil y sencilla es el consumo de chicles o caramelos, siempre y cuando sean sin azúcar. Esta actividad mecánica obliga al organismo a producir más saliva, lo que ayuda a limpiar la boca y aliviar los síntomas de sequedad temporalmente. Además, este hábito resulta muy beneficioso para evitar el mal aliento cuando pasan muchas horas entre comida y comida, manteniendo la cavidad bucal activa y protegida contra las bacterias.
El ambiente en el que descansamos también juega un rol determinante. El aire demasiado seco, común en los hogares con aire acondicionado, puede reducir los niveles de humedad por debajo del 40 por ciento. En estos casos, instalar un humidificador de aire en la habitación puede marcar la diferencia, ayudando a que las mucosas no se irriten durante la noche. Un nivel de humedad adecuado permite que tanto la boca como los labios se mantengan suaves y funcionales sin necesidad de recurrir constantemente a bálsamos labiales.
En conclusión, cuidar la salud bucal en verano requiere un enfoque integral que combine la alimentación, la higiene y el control del entorno. Pequeños cambios, como moderar el café o incorporar un humidificador, pueden evitar que los labios partidos se conviertan en una molestia constante. Recordá que mantener la boca hidratada es esencial no solo por una cuestión estética, sino para prevenir infecciones y asegurar una correcta digestión desde el primer paso del proceso alimenticio.